Día 34 del año 1 después de Covid
Tic, tac
Es como un momento de lucidez que te conduce de golpe contra el suelo. A la realidad de lo que queda por vivir. Wuhan estuvo 76 días confinada. Nosotros llevamos 34, creo. Y esa bofetada de clarividencia te hace dudar de casi todo. Tratas de evadirte, pero los días se convierten en un círculo vicioso por el que caminas para empezar y acabar en el mismo lecho, cansado y agotado. Feliz, eso siempre. Pero en una monótona batalla contra el aburrimiento.
No. No es el aburrimiento la palabra. Porque no me aburro. Todo pasa demasiado rápido entre las clases y el trabajo. Pero transcurre de modo similar. Piensas más bien en aquella tortura china: el reo tumbado boca arriba, inmovilizado, con una gota de agua cayendo con una insufrible monotonía sobre su frente. Tic, tac. Tic, tac. Así, una y otra vez hasta la locura derivada de la falta de sueño y de la imposibilidad de beber esa maldita gota.
Hoy, tic. Mañana, tac. El invariable tic-tac de la cuarentena. Suena el despertador. Tic. Preparas los desayunos. Tac. Niños a vestirse. Tic. Ducha y afeitado. Tac. Clases de lo que toque. Tic. Niños al recreo. Tac. Otra vez a clase. Tic. Preparas la comida. Tac. Película después de comer. Tic. Aprovechas para trabajar un rato. Tac. Llega tu mujer. Tic. Más trabajo. Tac. Hora de cenar. Tic. Acuestas a los niños. Tac. Netflix al rescate. Tic. Alcanzas tú la meta. Tac. Suena el despertador. Tic… Tac…
Tratas de evadirte y miras por la ventana. Pero todo lo que encuentras es la ciudad despojada de sonido, privada de su gente, olvidada de sí misma. Sin bullicio, sin alma, sin olor. La Avenida de Madrid al fondo, con su repetición en dos colores, rojo y verde, de luces de semáforo robadas de sentido sin el tráfico. Rojo. Tic. Verde. Tac. Y te duermes atrapado en el tic-tac.
