El Celta se deja ir cae 0 a 2 en casa ante el Getafe, haciendo mala la victoria obtenida el domingo en San Mamés
Arranca un duelo raro de Pascua, con claros alternados de sombras sobre el césped de Balaídos, reflejo de unas gradas que, siete años después de aquellas promesas por cumplir, son y no son al mismo tiempo. Gradas, también, semi vacías, runrún de una hincada acomodada, en el sentido amable del término, porque se sabe salvada antes de mayo. Una tierra de nadie a la que aspira el Getafe, que llega a Vigo como el único equipo de LaLiga que no ha sabido aún imponerse a domicilio.
En ese escenario arranca un duelo de estilos, a priori, diferentes. Todos lo son en ese debate inútil y tramposo sobre qué significa jugar bien. Lo hace el Celta a su manera, a ratos, con presión alta y asociándose al primer paso con soltura. Replica el Getafe, lejos de ese estilo que se le presupone, presionando aún más arriba, y rompiendo, a través del toque esa presión adelantada de los del Chacho.
Así llega, a los seis minutos, una primera ocasión para Unal, que corre hacia Dituro buscando una pelota imposible que, de repente, se hace clara tras resbalar el portero en su despeje. Entre el propio Dituro y Aidoo logran tapar el agujero. Y así rompe el empate a bostezos Borja Mayoral, con un pase filtrado por Arambarri a la espalda de Galán, que coge a Aidoo en un repliegue mal tirado y a Dituro demasiado hundido bajo palos. El delantero madrileño cruza el tiro para poner en ventaja a los de Quique en el minuto 25.
Ahora se ordena el Getafe, que ya no presiona tanto, y lo intenta un Celta sin ideas, tal vez adormecido por el sol perezoso de la tarde, por el ruido silente de la grada, por el día y la hora que devuelven al fútbol a la olvidada liturgia pagana de Tebas. Rubiales está a otras cosas, ya se sabe.
Poco más sucede hasta el descanso, y todo se precipita a la vuelta del túnel. Un pase largo hacia Unal, extrañamente solo en campo propio, suficiente para girarse y descargar sobre Borja Mayoral, que rompe Aidoo y revienta a Dituro con un zurdazo alto. Cero a dos y más defensa, más impotencia, más tarde de miércoles con el sol olvidado en el poniente.
Responde el Celta buscando soluciones con un doble cambio que da la alternativa a Solari y Nolito, que ingresan al campo por Cervi y Kevin. Surte algo de efecto el trueque, con un pase filtrado por el andaluz a Galán que se pasea por delante de la portería defendida por Soria. Sin embargo, el Getafe sigue a lo suyo: clara ocasión para Mayoral salvada por Dituro, gol anulado por a Unal por fuera de juego… Y el tiempo sigue cayendo, y los bostezos crecen y la noche se hace viva. Y el partido se pierde entre faltas y broncas que tratan de animar lo que está muerto, de traer de la nada alguna opción, de derrotar, antes que nada, a la apatía, a la dejadez, a la desgana de saberse salvado antes de tiempo. Próxima liturgia pagana, ya a finales de abril, en Granada.

