De la miseria a la barbarie en Balaídos

Aspas celebra el empate en en el minuto 96. Foto: LaLiga.

El Celta remonta un 0 a 3 en el segundo tiempo y alcanza el éxtasis arrancando un empate contra el Barcelona gracias un zurdazo de Iago en el último minuto del descuento  

Luce el sol otoñal sobre las gradas, hoy casi llenas, de Balaídos; como un astro que espera y demanda el sacrificio oportuno; el del Celta, el del equipo sin alma, o el de quien ha vendido el alma al mismísimo diablo, lejos ya de los días de vino y rosas, de la llegada del Chacho, de las victorias y la fe.

Hoy no, hoy todo parece haber cambiado y el conjunto se entrega a la autodestrucción, a un intercambio suicida de golpes que inclina el duelo en media hora. El tiempo que necesita un Barça en construcción, anhelante de un futuro que no llega, para marcar tres goles y dejar al Celta ante el espejo, con la locura como único recurso. Llegará en el segundo tiempo, vaya si lo hará, conduciendo a Vigo al éxtasis del último suspiro. El tránsito perfecto de la miseria a la barbarie para culminar la remontada, para demostrarse y demostrar que este equipo todavía tiene alma.

Antes, en la primera parte, a cada amago del Celta responde el Barcelona con un gol. A la de Iago en el arranque, alega Fati con el cero a uno. Una losa en la autoconfianza ya menguante. Ante un ‘uy’ sobre la bolea que no llega de Nolito, componen los de Sergi el cero a dos, culminado por Busquets con un tiro ajustado desde la frontal. Y a una pelota peinada por Aidoo que caza Tapia y no concreta, replica el Barça con un centro de Alba rematado por Depay.

Son treinta y cuatro minutos exactos de reloj. Tiempo para pensar en otras cosas. En todo aquello que prometía ser este equipo; en los fichajes de verano; en los años felices que cumplen unos y otros, que se hacen mayores vestidos de añoranza.  Tiempo para la nostalgia o la morriña, para ansiar un descanso que pueda cambiar algo el panorama.

Y así es. Del túnel sale otro Celta, repleto al menos de vergüenza, decidido a dejar atrás esa indolencia, a poner en riesgo al rival desde la solidez de Beltrán, que ingresa al campo y suelta a Tapia, que a los dos minutos de la reanudación la tiene tras dejarla con el taco Iago Aspas. Igual que la tiene Galhardo, aunque no vale: gol en fuera de juego corroborado por el VAR.

A la tercera sí. Internada de Galán por banda izquierda, que pone un centro que no atrapa Ter Stegen, y que empuja Iago en el rechace. Uno a tres con cuarenta minutos por delante. Y el Celta que cree y sigue, que empuja buscando lo que fue. No ayuda el árbitro, Hernández Hernández, viejo conocido que se inhibe en una carga de hombro contra espalda de Mingueza sobre Galhardo, demasiado blando pese a todo, carente de instinto para atacar un balón a vida o muerte.

Sí que interviene Hernández Hernández para anular el dos a tres por mano de Nolito en el control. Nada que decretar, sin embargo, cinco minutos después, cuando Cervi, por vez primera desde agosto, amenaza con ser Cervi, tira una bicicleta y un regate y la pone al corazón del área, donde Nolito remata en plancha para poner, esta vez sí, el dos a tres.

Quedan casi veinte minutos de esperanza, pero las fuerzas ya flaquean. Corre el Celta en la presión persiguiendo, a ratos, sombras. El Barça activa el rondo, anhelante de un final que no hace tanto presumía plácido. Y al espacio descubre un par de contras, una que marra Riqui Puig, y otra que revienta en el larguero Frenki De Jong.

Insiste el Celta con el latir de un corazón acelerado, desde ese pedacito de alma enajenada que quiere y cree poder. Así arranca Araujo de una forma desconocida hasta la fecha, recorre cuarenta metros, y revienta el balón en el lateral de la red. Y así encierra el Celta al Barcelona en un final repleto de barbarie, de éxtasis, de arrebatos, de locura sin control, de fe ciega, de ansiar un grito aislado, un golito, un gol o un golazo. Qué más da. Y Balaídos grita gol, vaya si lo grita, en el último minuto del descuento, siguiendo con la vista el remate de zurda de Iago, que ha vuelto porque nunca se ha ido, y que aloja en el fondo de la red el tres a tres. De la miseria a la barbarie. Simple y maravillosamente fútbol.