El Celta arranca marzo como el tercer equipo que más puntos sumó en febrero y como el menos goleado de la segunda vuelta

Decir que la vida es imprevisible es una obviedad. Hacerlo cuando uno habla del Celta es algo que casi se presupone. Tras caer en Copa contra el Mirandés, los de Óscar García miraban febrero sumidos en los puestos de descenso y con un calendario que invitaba a la deserción.

Un puñado de partidos después, los celestes ‘vuelan’ tres puntos por encima del descenso y miran el futuro con mirada adolescente, cargada de un mundo por explorar pero seguros de su éxito. Porque, como ya se ha dicho, la vida, el fútbol, son completamente imprevisibles.

Y así, inesperado, ha sido el febrero de este Celta, que pasó de ser banda a ser orquesta. Los vigueses se han convertido en el equipo menos goleado de la segunda, con sólo 5 goles encajados en 7 partidos. Una seguridad defensiva desconocida en la ciudad y que les ha permitido sumar ocho de los últimos doce puntos.

Un botín que incrementa su valor si se atiende a las circunstancias: salidas a Mestalla y el Bernabeu, o el partido contra el Leganés que se superó en inferioridad numérica desde el minuto 10.

Ahora toca seguir, porque el oxígeno es todavía muy escaso: un partido de ventaja sobre el Mallorca, la delgada línea que separa lo bonito de lo feo. Y el siguiente paso no va a ser de ballet: en el horizonte, el Getafe de Bordalás, más molesto que la cisterna del vecino. Aunque, tras febrero, queda claro que tampoco será fácil para ellos.