Cumbre bilateral… y tal y cual

«Tras arduas negociaciones de la ministra de asuntos exteriores española, su presidente consiguió pasear un ratito al lado del americano, quien, impertérrito, no articuló ni palabra, ni sonrisa, ni mirada, ni saludo, salvo el “vete ya” final, o cualquier otra cosa que nos queramos inventar»

El encuentro de pasillo entre los máximos dirigentes de los Estados Unidos de América y lo que queda de lo que los más optimistas seguimos llamando España, que algunos han calificado como de cumbre bilateral entre ambas “potencias”, si no fuera por patético, vergonzoso y humillante, parecería una broma de mal gusto, y sobre todo tras la “explicación” del mentiroso compulsivo que okupa la Moncloa, según el cual, fue una conversación en la que hablaron de asuntos candentes de la política nacional que afectan a ambas “potencias”.

En las pocas ocasiones en las que el primo de Zumosol se pasea por ese mundo ajeno a los EEUU, que también existe, la lucha entre las distintas cancillerías por hacerse un sitio en su tiempo es demoledora. Los principales países como Rusia o China, Reino Unido, Francia o Alemania, ocupan los lugares de honor, prácticamente los únicos que tienen verdadero interés para el yanki. Son reuniones a puerta cerrada, de cierta duración y donde se cuecen las principales decisiones que el resto han de aceptar. De ese resto, depende todo del interés del jefe, ya sea por afinidad, por intereses comunes o porque políticamente exista un cierto interés en mantener buenas relaciones, produciéndose entonces cortas reuniones cordiales. El restante resto del resto, ni cuenta.

El actual presidente americano, era para la izquierda española la gran esperanza, pasado el terremoto anterior. En esa esperanza, y tras la felicitación de nuestro rey, correspondida amablemente por el mandamás americano, la del nuestro presidente del gobierno ni siquiera fue contestada, habiéndosele negado, incluso tras múltiples intentos, una mínima conversación telefónica en todos estos meses, algo incluso superado por la eyaculación precoz en forma de cumbre bilateral del pasillo, en la que tras arduas negociaciones de la ministra de asuntos exteriores española, su presidente consiguió pasear un ratito al lado del americano, quien, impertérrito, no articuló ni palabra, ni sonrisa, ni mirada, ni saludo, salvo el “vete ya” final, o cualquier otra cosa que nos queramos inventar, ya que salvo las habituales mentiras de nuestro Pinocho patrio, nada se sabe de las únicas palabras pronunciadas por el yanki en el momento culmen del orgasmo sanchista.

La semana pasada, no obstante, un español llegaba a la cumbre del reconocimiento americano; se llama Jon Rahm Rodríguez, es vasco y ha ganado el US Open de golf, el mayor honor que puede alcanzar un deportista individualmente en un país en el que el esfuerzo, el trabajo y el éxito, se valoran con absoluta admiración. Un éxito que es muy probable que el presidente americano quiera celebrar a su lado, tener una conversación con él, sonreír, darle palmaditas a una espalda inacabable, y ponerlo como ejemplo de unos valores que sí atesora un español más, que recupera para España la consideración que otros, siempre desde la política, con su absoluta ausencia de valores, pierden permanentemente.

En esta España, dominada por la dictadura de lo políticamente correcto hacia el poder interno, de censuras y alabanzas auto impuestas por unos medios que viven de la mamandurria de un gobierno, alguien afín al sistema, no se explicaba como un personaje como Biden, demócrata, educado, de fácil sonrisa, podía mantener durante los históricos 29 segundos un hieratismo desconocido, cruel, ofensivo, despreciativo hacia quien representaba a un país que había descubierto su continente y que ahora, torpemente, trataba de hacerse oír.

Veamos:

En EEUU no existe izquierda alguna con poder. Los republicanos son una derecha dura, lo que aquí, salvando las distancias, pudiera ser VOX, mientras los demócratas son un centro derecha que pudiéramos equiparar a una alianza entre el PP y Ciudadanos. Biden no es un político de izquierdas, y menos del término zarrapastroso con el que aquí ejercemos regularmente la política desde las variopintas izquierdas dominantes, que han querido engañarse y engañarnos con su supuesto aliado. A lo sumo un centrista de vaivén.

Aclarado esto, es preciso recordar que Biden no dispone de más de mil teóricos asesores viviendo del cuento sin rascar bola, pero cobrando jugosos emolumentos a costa del pueblo, para llevarnos por el buen camino por el mundo adelante, sino de un equipo de primer orden en exteriores que le mantiene informado, al momento, de quien es quien sobre todo aquel que se le acerca, cuestión esta que antes se ha negociado cuidadosamente.

Pero, ¿quién es Pedro Sánchez para Biden? En primer lugar un socialista de un partido que cuando llegó al poder, tras la muerte de Franco (un aliado para EEUU), sucediendo a la UCD (otros aliados), y lo hizo en la figura de Felipe González, lo hizo despreciando a la OTAN, la alianza que desde el paraguas americano tenía, y tiene, como misión, defender al mundo libre, un desprecio jaleado por nuestras, siempre primitivas e ignorantes izquierdas, una actitud que les obligó a poner al nuevo dirigente español en su sitio, dar marcha atrás, y hacerlo “democráticamente” mediante un referéndum en el que apoyar el digo donde antes se había dicho Diego, y hacerlo con la garantía de ganarlo. Un partido en el que pasado un tiempo, el más tonto de su historia (100 años de honradez… pero ninguno más), el impresentable Zapatero, les hizo un “feo” muy feo, una ofensa gravísima para ellos, que nunca olvidarán, en su línea de flotación, permanecer sentado al paso de la bandera americana, su emblema más sagrado, algo muy distinto a la consideración que aquí tenemos de la nuestra, un trapo del que avergonzarse, para gran parte de esa izquierda que entiende eso como progreso. 

En el plano político, nuestras alianzas, con Sánchez, lo son con los enemigos del país que manda en el mundo, y de nada vale pensar todo lo contrario por el hecho de que los americanos tengan bases en España, pues también las tienen en Cuba, un enemigo para ellos. Las bases son soberanía, una bota sobre un país ajeno, algo inamovible para ellos, que no depende de nuestra voluntad, pequeños Gibraltar en nuestro suelo patrio y en tantos otros, el precio del paraguas.

Somos amigos de sus enemigos, como el comunista Frente Polisario, los dictadores bananeros sudamericanos, o los manipuladores palestinos, mientras bramamos contra sus amigos, como los jodidos judíos de Israel, o el más cercano Marruecos, entre otros.

Ya en el plano personal, una democracia como la norteamericana con un bipartidismo y unos valores políticos muy asentados, no puede entender como aun sigamos manteniendo un sistema electoral que prima la dispersión, las demarcaciones únicas para unos odiadores separatistas que siempre han chantajeado con ello al país, y que facilita la sopa de letras a la hora de formar un gobierno, sin segundas vueltas como remedio a tal desatino. Pero si ello es grave, no tolera que un personaje como Sánchez, tras haber mentido a todo un pueblo (impensable para ellos) para obtener el poder, se haya aliado con los que para ellos son lo más indeseable de la sociedad, comunistas, terroristas, independentistas, delincuentes, etc. nombrando incluso vicepresidente a un comunista consejero de los enemigos del pueblo americano, mientras ahora esté a punto de cargarse nuestro Estado de Derecho, que aunque contemple los indultos, no lo hace en fraude de ley, pues se trata de una figura a aplicar con quienes se ha cometido un error, o en el peor de los casos con quien se arrepienta de sus actos y se esté seguro que no se repetirán, no en el único interés de mantenerse en el poder y en beneficio de quienes les parece poco e incluso amenazan de nuevo con sus actos delictivos. Todo un despropósito.

Para Biden, Sánchez no es más que otro despreciable Maduro, el dictadorcete de un pueblo incapaz de reaccionar, que le vota, y que no merece ni cinco minutos sentados alrededor de un café y tratando de problemas comunes a resolver gracias a la mutua colaboración, algo impensable en un mentiroso compulsivo aliado con sus enemigos, que desprecia a sus amigos y heredero del tonto con balcón a la plaza que ofende su bandera. Algo más allá de un cero a la izquierda.

Ya en lo personal y tras una reunión con la alemana Angela Merkel, una mujer respetada en todo el mundo, que vive con su marido en su propia casa, donde cocina a diario (cuando se tercia), que se paga sus vacaciones en hoteles y vuelos regulares y que hace una vida austera al margen de la política, pretender una reunión con un pretencioso que amparado en comunistas, terroristas y traidores al país, vive a cuerpo de rey, con un Falcon a su servicio para lo mas chungo y particular, un palacio con multitud de servidumbres, asesores por todas las esquinas, vacaciones en palacios oficiales, reservas de la biosfera a su servicio, y todo ello, por donde pasa, en plan chulo de villar o de bolera, no encaja para nada en la mentalidad demócrata americana.

¿Qué es lo que no entiende el tonto útil que desde los medios se cuestiona la actitud de Biden para con Sánchez?

Hoy por hoy, con el guaperas al frente, no tenemos asegurada silla alguna en ningún foro de consideración, aunque ahora saque pecho con sus expectativas ante el hecho de que España sea sede de la próxima cumbre de la OTAN, donde no pasará de ser un extraño en su propia casa, de verse relegado y de buscarse un pasillo un poco más largo para añadir algún segundo de gracia a su gloria.

Si la política hay que justificarla a base de miles de asesores, pongamos de presidente del gobierno a Jon Rahm o a Rafa Nadal, y con sus valores, y no solo deportivos, tendremos todas las puertas abiertas en todo el mundo mundial, sin necesidad de tener que aliarnos con lo más impresentable de la sociedad, ni poner un payaso al frente, despreciado por quienes en este “intre” de la historia les toca mandar. Con una aristocracia (en el sentido griego de la palabra) como asesores, cualquiera de estos dos españoles de bien al frente del gobierno, con el rey como emblema y recuperada la bandera como orgullo patrio, a correr, a hacer realidad la armada invencible, a enterrar la leyenda negra, y a ganarle la guerra de Cuba a los americanos.

Cumbre bilateral…y tal y cual.