Por Emilio Suárez Mansilla
La esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar (Amos Oz, Contra el fanatismo)
Las distintas Administraciones que nos gobiernan gozan, en cierta medida, de mi empatía. Nos enfrentamos a lo desconocido y el tiempo apremia. En el “fragor de la batalla”, las previsiones han de confeccionarse con datos sin contrastar, de acuerdo a la solvencia técnica del “equipo de expertos”.
El político de turno ha de mostrar prudencia y yo, como administrado, moderación al juzgar sus aptitudes y las órdenes emitidas en los comunicados, para poder discurrir en un clima social manejable, lo que no es óbice para que conciba mis propias opiniones sobre las normas que me afectan directamente. Sobre todo a mi derecho constitucional a la libre circulación.
Colijo, pues, que las medidas han ser explicadas y los distintos Gobiernos que nos administran no pueden parapetarse tras los dictámenes “Non Plus Ultra” de las “autoridades sanitarias”, ungidas por ellos mismos. Deben mostrar un debate con información detallada sobre los escenarios que manejan, evidenciando así una transparencia que sería de agradecer.
Sin embargo, en el diseño del confinamiento, nuestros Gobiernos exhiben cortedad de miras que, además, afectará al plan de vuelta a la normalidad. El Gobierno no puede constreñir sus oídos a las opiniones de su “equipo de expertos sanitarios” imponiendo que su voz sea la última palabra, en su monólogo con nosotros los administrados. Las opiniones de otros sectores sociales deberían ser oídas ya que el SARS-COV-2 no afecta únicamente a la salud respiratoria, afecta a varios ámbitos de la salud y a la economía. La precariedad económica en la que nos veremos inmersos también producirá muertos, y los muertos a minimizar debieran ser la suma de los del Covid-19 + los de las patologías inducidas por el confinamiento + los muertos de la, por consiguiente, situación económica.
Una situación, simple, que quiero evidenciar, como ejemplo, es la producida por una de las condiciones de movilidad dictadas por el Centro de Coordinación Operativa.
para ir en coche, ¿que más da 5 que 50?; siempre que desembarque en mi huerto y no interaccione con nadie
En plena época de plantación, el CeCOp flexibilizó las condiciones de movilidad de las personas que laboran en tareas hortícolas para su propio consumo, en las que, hasta ahora, solo podían realizar desplazamientos de hasta 500 metros. Los particulares que dispongan de un huerto y que no ejercen actividad agrícola profesional, podrán realizar desplazamientos para atender sus cultivos, siempre dentro del mismo término municipal de su residencia habitual. Si el huerto se ubica en un ayuntamiento diferente al de su residencia, el desplazamiento estará autorizado, bajo una declaración responsable, hasta una distancia máxima de cinco kilómetros de su domicilio.
¿Por qué cinco kilómetros? Esto está bien para el que vive en el rural. E incluso para ellos resulta innecesario porque en la aldea el huerto de autoconsumo está a tiro de piedra. Yo que vivo en Vigo, si voy a mi huerto, cuando lleve recorridos 5 km aún no habré salido del casco urbano. Para desplazarse 5 kilómetros todo el mundo va en coche; no llevas los aperos cargándo durante esa distancia. Y para ir en coche, ¿que más da 5 que 50?; siempre que desembarque en mi huerto y no interaccione con nadie, claro está. Si tengo que comprar fitosanitarios o aperos, ¿qué más da que entre en una tienda en Vigo que en la aldea?. Pero aún así, puedo llevarlos de Vigo.
Asimismo, está la norma de no permitir viajes entre provincias hasta después de la fase III. El agente que detenga un vehículo ha de solicitar la documentación del conductor para observar si ha salido, o no, de su provincia de residencia. Un vecino de Puentecesures no puede ir a Padrón, que es su lugar habitual de compras a 2 km para aquello que no adquiere en Puentecesures; incluso a Santiago de Compostela, a 20 km, en vez de a Pontevedra a 40 km. Sería más lógico aplicar una distancia máxima desde el lugar de residencia que puede obtenerse fácilmente en Google Maps o, a causa de posibles discriminaciones por razones orográficas, usando el SIXPAC definiendo un radio máximo desde la residencia.
Pero aún todo ello es innecesario. Las restricciones al desplazamiento se establecieron, aunque tarde, para evitar la propagación del virus, pero ahora está en todas partes y si hubiera alguna “isla” libre de virus pueden establecerse controles para esa zona. Estando el virus en todas partes ¿cual es el inconveniente para que yo viaje en mi automóvil, cumpliendo las condiciones de desplazamientos en automóviles privados, si he de cumplir con las condiciones de movilidad en mi localidad de residencia y en la de destino, estando ambas localidades infectadas, así como todas las localidades por las que me desplazo sin salir de mi automóvil?
“Solo el 8,7% de los estudiantes de la OCDE domina tareas de lectura complejas como DISTINGUIR ENTRE HECHO Y OPINIÓN cuando lee temas con los que no está familiarizado”
Se me ocurre la salvedad (discutible) de desplazarse fuera de la Comunidad Autónoma de residencia, pues el sistema de salud del que disfrutamos está fragmentado por CC AA.
No conozco las razones utilizadas para las instrucciones de las distintas fases del “desescalamiento”, pero tanto si tengo razón como si no la tengo, el Gobierno me debe una explicación, porque, al menos yo, soy mayor en edad, dignidad y gobierno.
Puede que los incentivos para la actitud del Gobierno se apoyen en el último informe PISA, donde manifiestan que la capacidad de diferenciar entre datos y opiniones se está reduciendo cada vez más y reza: “Solo el 8,7% de los estudiantes de la OCDE domina tareas de lectura complejas como DISTINGUIR ENTRE HECHO Y OPINIÓN cuando lee temas con los que no está familiarizado”.

