Rubén y Fran. O Fran y Rubén. Porque, como los Reyes Católicos, ‘tanto monta, monta tanto’. Dos jóvenes vigueses que comenzaron su historia hace no mucho. O sí. Poco más de una década de deporte, emprendimiento y saber o querer vivir. Porque de todo eso y algo más hay en Centaurus (Avenida de Puxeiros, 86), el box más grande de Vigo dedicado al Crosstraining. Abierto a todos los públicos y para cualquier edad. El objetivo: no entrenes con máquinas, conviértete en una. Nos lo cuentan.
“VES CASOS DE GENTE A LA QUE INCLUSO LE COSTABA COGER A SU HIJO EN BRAZOS Y QUE AHORA TE DICE QUE ESTÁ COMO UNA MOTO, ESO ES UNA PASADA”
¿Cómo y cuándo surgió la idea de Centaurus?
Fran: La idea surgió de Rubén en el 2012, en un curso que estábamos compartiendo los dos de entrenador personal en el Coliseo Centro Deportivo de Vigo. Después de 2 meses de compartir tiempo, vimos que teníamos filin. Yo ya estaba trabajando dentro del sector en el Coliseo y él me empezó a comentar algo de unas ruedas enormes, de unos mazos y de unos tíos de Estados Unidos que hacían balón – pared o algo así. Y empezó, ‘oye, ¿podemos probar esto?’.
Fuimos a entrenar en un parque que había cerca de su casa en Tameiga. Cuando llegó apareció con un ruedón enorme, con unos cabos y empezamos a hacer el primer entreno, un tal «Cindy», que eran 20 minutos con 25 dominadas, 10 flexiones y 15 sentadillas. Al minuto 10 me tuve que ir (risas). Pero a raíz de esto empezamos a darle forma y a creer en esa actividad nueva. Y ahí empezó todo.
Rubén: Fue una pequeña aventura en la que teníamos que buscar que la actividad estuviera bien situada, buscar un presupuesto muy sencillo ya que empezamos de la nada. Debía cumplir todos esos requisitos: que estuviera más o menos cerca de Vigo y que tuviera una nave que fuera diáfana. Y bueno, al final pues la conseguimos…

¿Y cuál fue la solución?
Fran: El optimismo. Al final lo conseguimos. Había un señor mayor llamado Bernardo que nos hizo un precio competitivo de una nave que no era competitiva (risas), más bien la nave era incompetente, pero era lo que había.
Rubén: La nave con más goteras que había…
Fran: Sí, llovía más dentro que fuera, la verdad, pero ahí empezamos con 120 metros cuadrados. Nos faltaban 4.000 euros para sacar el proyecto adelante y al final lo conseguimos con una ayuda familiar y el boca a boca. Empezamos con cuatro clases y un alumno al que le dijimos, ¿a qué hora quieres venir?, que hay sitio! (risas).
¿Y cómo fueron esos comienzos en esas condiciones?
Rubén: Primero arrancamos con una agenda. Después, con una pizarra hecha con cuadritos y con las clases. La gente tenía el rotulador y apuntaba: ‘mañana yo voy a las 6’. Y se apuntaban, porque era el box era pequeñito, era para un máximo de 12 personas.
Fran: Sí, de 12 y compartiendo el espacio con halterofilia algún día. Recuerdo que de la TVG, para La Revista, vinieron a hacer un reportaje en Navidades que nos vino muy bien porque era todo muy nuevo.

Rubén: Sí, nos dio repercusión, pero fue todo complicado. Una vez que se hizo la inversión de lo que es preparar la nave, hacía falta el material y de material deportivo teníamos ‘cero’. Había una barra de halterofilia, dos kettlebell, un par de mancuernas y nada más. Y de ahí arrancamos con el ‘entrenamiento funcional’, tirando de cabeza. Hicimos una estructura aprovechando que mi padre había sido soldador y con eso apañamos. Con el tiempo fuimos mejorando las instalaciones y la gente estaba contenta, que al final son los mejores comerciales. Porque cuando ven que se están encontrando mejor que nunca, comienzan a comentárselo a sus familiares y amigos, que se van sumando.
Pese a tanta dificultad, avanzasteis y crecisteis hasta llegar a una nave como la actual que es una de las mejores de Vigo por espacio y funcionalidad. ¿Cómo fue ese proceso?
Rubén: Sí, aunque a esta nave llegamos justo con la pandemia. El 13 de marzo de aquel año decidimos cerrar. Ese mes de marzo era el último mes que íbamos a estar en la anterior nave, porque en abril ya teníamos pensado comenzar aquí. Pero nos coincidió así, de tal manera que teníamos la nave antigua cerrada, y esta, en pandemia, completamente lóbrega. Fueron unos meses muy difíciles, pero al final salimos adelante.
Y ahora, para hacernos una idea, ¿en cuántos usuarios estáis?
Fran: Cerca de 500. El espacio es para ellos.
Rubén: Sí. Porque esta es una actividad muy cercana. Estás entrenando, compartiendo sufrimiento, te echas unas risas, y al final es muy familiar. No es que sea una clase y bueno, ya está. Es mucho más y eso al final también ayuda a fidelizar y que lo pases tan bien.
Un conocimiento que también os otorgó los Centaurus Games, ¿no?
Fran: Sí, es un buen escaparate que congregó a gente de todo el mundo. Vinieron atletas de Eslovaquia, de Francia, de toda España. Llegamos a juntar 300 o 400 atletas. Y a mayores también generamos un club de halterofilia propio que ha contribuido a todo esto.
Y siguiendo por ahí, ¿cuántas clases y actividades ofrecéis ahora mismo?
Fran: Pues disponiendo del espacio, que son 2.000 m2, el negocio se fue enfocando. Ahí también fuimos un poquito por delante. Partiendo de la matriz del crosstraining, se da técnica de carrera, clases de halterofilia, telas aéreas, pol dance, jiujitsu y ahora empezamos con gap. Además ofrecemos clases para niños y alguna actividad nueva que está por caer. Por ejemplo, boxeo, que lo volvemos a reanudar este mes.
Está todo bastante bien cubierto, y después hay una modalidad muy interesante que son las barras y cervezas: disponemos de servicio de cafetería para casi todos los usuarios (risas). Más allá de la broma, también ofrecemos servicios complementarios de nutrición, osteopatía, láser y de estética.
hay gente que lleva más de 10 años con nosotros. Ya no es un negocio, somos una familia.
Ahora, empezando el curso, la gente vuelve del verano y tiene ganas de apuntarse: ¿qué le diríais a alguien que esté dudando para que elija Centaurus? ¿Qué le ofrecéis?
Fran: En la vida, a veces nos generamos dudas. Frente a esto, tenemos la experiencia: cuando algo lo sientes, no lo dudas más. Por eso creo que lo mejor es dar un paso adelante y probar. Al final, cuanto más dudes, el tiempo pasa y menos vas a poder disfrutar de esa actividad. Eso sin olvidar nuestro ambiente. Siempre se ha generado un ambiente familiar y Rubén y yo sembramos la semillita y después, con toda la gente que nos ha ido rodeando, la semilla ha crecido y se ha llegado a mucha más gente.
¿Y dentro de ese ambiente, imagino que tendréis gente que os acompaña desde el principio?
Rubén: Sí, aquí hay gente que lleva más de 10 años con nosotros, desde que comenzamos.
Fran: Sí, es un porcentaje alto. Ya no es un negocio, somos una familia, son muchos años en los que compartes más que una simple actividad deportiva; compartes los buenos y los malos momentos, temas personales…
Rubén: De hecho, aquí hay gente que algunos días no viene a entrenar, porque está cansado o lo que sea, y viene a estar con la gente, a tomarse un café con los colegas, a pasar un buen rato.
Porque también es un buen sitio para acercarse, ¿no? Fácil de llegar, con aparcamiento, cerca del centro…
Rubén: Sí, es muy cómodo. Además en esta actividad, a veces nos toca correr fuera y aquí tenemos un monte, un sitio privilegiado.
Fran: Aquí disponemos de un espacio amplio, de estacionamiento; y no dejamos de estar a 7 minutos de la Plaza de España, que es un tiempo irrisorio. Dispones de espacios abiertos como el monte de Cotogrande. Y además, podemos disfrutar de la actividad en nuestro local, porque no deja de ser una actividad que produce contaminación acústica, no solo por la música, sino por las vibraciones y los ruidos, y aquí, al ser un polígono, nos facilita disfrutar de un espacio que en muchos centros de la ciudad están limitados por las características de sus locales.
Suena también a actividad muy profesional, o sólo para profesionales. ¿Es así?
Rubén: Esto es para la gente que quiera estar en forma, que quiera mejorar su calidad de vida. Al final son entrenamientos funcionales, movimientos funcionales que los haces en tu día a día. Tenemos gente de 60, 60 y…
Fran: Sí, tenemos chavales de 65 y niños de 12 o 14 años (risas).
Rubén: Sí, y no es lo mismo una persona de 60 y pico años que tiene dolores por todos lados, que una persona de 60 años con agujetas.
Fran: Sí, yo creo también que es un ponernos limitaciones a nuestras cualidades como personas. Nuestro cuerpo nos permite hacer muchas funciones, solo que nosotros nos ponemos limitaciones. Si tú lo testas, te das cuenta de que puedes hacer movimientos porque tu cuerpo te lo permite, si tu cuerpo te lo permite es que lo puedes hacer.
Me imagino que ver todos esos avances resulta muy gratificante. Pero, ¿qué es lo más gratificante de este trabajo?
Rubén: Primero, trabajar con personas. Me encanta. Después, ver su evolución, porque ves casos de gente que incluso le costaba coger a su hijo en brazos y que ahora te dice que está como una moto. Eso es una pasada. Ves cómo mejoras la calidad de vida de la gente.
Fran: Sí, la mayor satisfacción es lo que dice Rubén, ese trato con la gente y el poder ayudarlos a mejorar su calidad de vida.
Rubén: El deporte es terapéutico y eso está comprobadísimo.
Fran: Sí, y cada vez tenemos más felicitaciones también dentro del matrimonio, muchas esposas y mujeres al ver que su marido ha mejora el rendimiento nos felicitan por privado. Así también colaboramos en mejorar la natalidad del país, que está baja (risas).





