Carmela falta a la cita en la proclamación de Luis López

Luis López y Alfonso Rueda se salunda antes del inicio del acto.

El nuevo presidente provincial toma el bastón de mando en un Salón Nobre del Pazo Provincial abarrotado y en el que llama la atención la ausencia de su predecesora en el cargo, Carmela Silva

El sol cae fino sobre el Pazo Provincial de Pontevedra cuando comienzan a sonar las gaitas que apagan los ecos de los manifestantes: huelguistas del transporte de ambulancias, primero, del metal, más tarde. Ruido, mucho ruido, para el día en el que el Partido Popular retoma el mando de la Diputación en la provincia tras un periplo de ochos años de suma de PSOE y BNG.

Pero quizás el más estrafalario de los sonidos fue el del silencio de Carmela, ausente. Silva anda atareada de campaña para el Congreso tras haber perdido el mando provincial. Una campaña tan sonora, esta sí, que le lleva a contraprogramar un acto oficial en el que debería jugar un papel predominante: la entrega del bastón de mando; la constatación de que se sabe ganar, pero también perder.

En cualquier caso, Carmela no está ni se la espera mientras que las gaitas acompañan la entrada de los triunfadores ‘populares’, encabezada por el presidente Alfonso Rueda, seguido de Luis López ‘Lugués’, de Marta Fernández-Tapias, de Rafa Domínguez, de Vázquez Almuiña, de Nava Castro… de todo ese cartel de políticos que el pasado 28 de mayo logró recuperar el poder en la provincia.

Algo que no parece asumir todavía López Font. El portavoz socialista emplea a conciencia su turno de palabra para dejar claras sus normas y su estilo. Estilos que ya se marcan de modo nítido antes, con el nombramiento de cada diputado, de cada diputada: juran su cargo los del PP, prometen socialistas y nacionalistas, estos últimos con sus innovaciones de rigor, donde caben cuñas de todo tipo, también para la defensa de las víctimas de la represión franquista.

Preside César Mosquera, BNG, ex vicepresidente, en su último día en esa silla, casi trono, que ocupa el centro del lugar, del Salón Nobre del Pazo provincial. Y es breve, muy breve, en su turno de palabra. Mucho más que López Font. El ex vicepresidente se limita a tender la mano a los populares, ofreciéndoles su ayuda, y bromea con ‘Lugués’, casi ya presidente a falta de los votos a estas horas de la mañana: “Espero que non teñas problemas de espalda, porque se non este sitio non axuda”.

Bromas aparte, continúa Font con su discurso, donde reconoce el resultado electoral, pero se queja, de modo implícito, de la ley. Entiende el socialista que deberían seguir gobernando, aunque no se atreve a decirlo así, toda vez que entre PSOE y BNG suman más votos en la provincia que el PP. Luis López, ya presidente, le recordará quién ha sido la fuerza más votada.

“Transición ejemplar”

Pero antes continúa Font con su discurso, que chirria tanto como la ausencia de Carmela en medio de lo que el propio socialista califica como “transición ejemplar”. Lo dice el mismo día que algunos medios informan sobre el desalojo que va a sufrir en la sede de Vigo la nueva vicepresidenta Marta Fernández-Tapias. Tres de las cuatro plantas del edificio, propiedad municipal, vuelven al Concello una vez perdida la Diputación por los socialistas, pese a estar cedido hasta 2029. Silva necesita ese espacio para su concejalía, para su equipo, por el bien de los vigueses.

Esa, no obstante, es otra historia. En esta, la crónica política avanza al ritmo de los recordatorios punzantes de Font, poco elegante en el discurso, demasiado autobombo para la que considera, ahora, no ayer ni mañana, la mejor Diputación de España: la más transparente, la que tiene el mejor proyecto de igualdad, las mejores políticas de movilidad, la que apuesta por la juventud y la cultura como ninguna otra… Tan buena que ejecuta hoy, en su opinión, “un traspaso de poder ejemplar”. Salvo por el relato y las ausencias.

Ya toma la palabra ‘Lugués’, que pone en valor el nuevo Ejecutivo, con hasta siete alcaldes, la mitad del grupo de gobierno, un ejemplo, apunta, de que “nos centramos en el bienestar de los ciudadanos”.

Es breve en esta primera intervención, previo a jurar el cargo, esta vez como presidente. Y previa, también, al discurso ya elegido, donde apunta las líneas de gobierno: ánimo positivo y constructivo; no venimos a destruir nada, no somos así; respetaremos y potenciaremos lo bueno corrigiendo las cuestiones que no dan respuesta a los ciudadanos; no venimos con ánimo revisionista, pero tampoco aceptaremos decisiones contrarias a nuestros principios.

Palabras más acordes a la normalidad democrática que exigen estos actos. Palabras que, incluso, le llevan a reconocer el trabajo realizado por el anterior equipo de Gobierno durante los últimos ocho años: “Es de justicia reconocer este trabajo, toda persona que desempeña un cargo público realiza un trabajo importante y muchos sacrificios que hay que destacar. Los invito a que sigan trabajando por la provincia, haciendo propuestas. Su labor es fundamental para construir la provincia entre todos”.

Son casi sus últimas palabras. Las definitivas miran hacia adelante: “Hoy comienza un futuro esperanzador y confío en que lo recorramos entre todos”.