Capitán a posteriori

Foto: RC Celta

Hace más o menos un año la situación en el norte de Italia comenzaba a desmadrarse a causa del maldito virus. Ya no era chino, ya azotaba a un país hermano, uno muy nuestro, y entonces algunos comenzamos a preocuparnos, luego «el aparato» nos llamaría capitanes a posteriori.

Hoy el Celta de Coudet suma 7 puntos en las últimas 9 jornadas. Entre el 29 de noviembre y el 30 de diciembre de 2020 los vigueses sumaron 16. Aquel mes la ‘chachoneta’ atropellaba rivales sin mesura, fuera de ese plazo de tiempo mágico, el Celta del ‘Chacho’ se parece mucho al de Óscar García, que era muy  similar al de Fran Escribá.

Aquella racha, maravillosa racha, nació de un equipo intenso, que solía golpear varias veces en los primeros compases, tumbaba el campo, feroz en la presión, atrevido en el pase, y con un estado de forma «maradoniano» de Iago Aspas, castigaba rivales al ritmo que se aceleraba la imaginación de una afición que llevaba demasiado tiempo apática.

Como cuando se cancelaban ferias y eventos alrededor del mundo y en España se miraba hacia otro lado, como cuando regiones de Italia se confinaban y aquí no temíamos más que uno o quizás dos casos, cuando el alarmismo, chico, pesaba más que los datos, así me siento hoy después de otro partido insufrible y anodino de la celeste.

¿Seré un maldito capitán a posteriori esta vez? El equipo vuelve a ser lento, a no provocar, y vuelve a depender en exclusiva de lo que genere el ‘diez’. A Denis, venerado por su mejoría e implicación hace unas semanas, hay que cambiarlo por un chaval que venía de hacer el erasmus en el B, se encadenan las lesiones y sanciones lógicas de esta época del año y  jamás es capaz el ‘Chacho’ de reordenar un once que no acuse esas ausencias.

Aquella tarde en Ibiza un equipo de la tercera categoría del futbol profesional desnudó el armario del Celta, hizo públicas las carencias, en plataforma de pago y en horario infantil, el once tipo con el que el ‘Chacho’ arrancó la Chachoneta es ya imposible de repetir. Lucas Olaza ayer estaba en el otro bando, y parece que el truco de robar y salir rápido hacia el camino que invente el bueno está ya más que descubierto por las pizarras rivales.

La vacuna, la única vacuna, agotador escribir siempre lo mismo, es la de Iago, que vuelva a estar en un estado de forma arrebatador y reviente las carencias del rival a la vez que esconde las propias. Una y otra vez toda la gestión deportiva de esta entidad supeditada a la zurda de Moaña.

Quizás dentro de un mes, si el equipo vuelve a lindar con el descenso, las redes del club y los voceros de la junta nos repitan aquello de que no se podía saber, que nadie esperaba esta situación, que todo lo volverían a hacer igual porque los errores se cometieron con la mejor de las voluntades. Quizás tardemos en ver videos de la familia Mouriño festejando en Punta Cana. Espero equivocarme esta vez, aquí lo dejo, a priori, que nunca he sido capitán.