Caballero acepta aplazar el AVE a Vigo a cambio de que Carmela Silva sea presidenta del PSdeG

El alcalde sabe que el proyecto no entra dentro de las prioridades del Gobierno de Pedro Sánchez pero evita alzar la voz para favorecer las aspiraciones orgánicas de su compañera en la política autonómica

«Es mi proyecto estrella», «la prioridad de mi mandato”, “lo vamos a hacer” o “me subiré al AVE Vigo-Madrid por Cerdedo siendo alcalde” son algunas de las afirmaciones recientes de Abel Caballero sobre la llegada de la Alta Velocidad a ciudad olívica directa por este tramo desde Ourense. Pocos imaginarían tras unas aseveraciones tan claras que, apenas unos días después, el regidor iba a desdecirse para reconocer que Vigo no tiene garantizada la tan ansiada variante.

Aunque algunos pudiesen pensar que las anteriores declaraciones de Caballero son fruto del desconocimiento o de cambios de última hora en el cronograma del Ministerio de Transportes, la realidad es que el alcalde es conocedor de los planes de Pedro Sánchez, que mantiene desde hace años la variante de Cerdedo en un cajón y sin inversión presupuestaria reseñable. Hay más dinero para que Netflix subtitule al catalán que para el AVE “vigués” que reclamaba el también presidente de la Femp.

Para el Gobierno éste es un proyecto a muy largo plazo y para el cual no hay horizonte temporal, pues el Ministerio ni lo ha incluido en su planificación con el cartel de “prioritario”. Pero esto no es una novedad, puesto que cuando el Ejecutivo central licitó en 2019 el estudio hidrogeológico previo ya se avanzó que el resultado no estaría acabado hasta julio de 2022.

Ni por aquel entonces, ni tampoco ahora, el Gobierno socialista confirmó la fecha estimada para la puesta en servicio del AVE por Cerdedo. Tampoco concretó el coste ni el plan de financiación. De hecho, el desinterés a la hora de impulsar esta actuación queda demostrado en la partida insignificante que tiene consignada en los Presupuestos Generales del Estado para el próximo año: 200.000 euros para 2022 y sin partida para 2023, lo que equivale, en la práctica, a sacar estas obras de la planificación.

Ante este panorama, el alcalde continúa sin ejercer como tal y, en lugar de exigir al Gobierno de su partido que concrete el cronograma previsto para la ejecución de esta infraestructura, que agilice al máximo los trámites y que asegure que los vigueses tienen acceso a una conexión con Madrid propia del siglo XXI, opta por plegarse sin rechistar a los intereses de Pedro Sánchez, pese a que ello suponga ir en contra de las necesidades de Vigo.

Su tradicional obediencia a la marca PSOE se ha reforzado en un momento en el que los socialistas han buscado acometer una “profunda renovación” en su partido a nivel autonómico con la elección de Carmela Silva como presidenta del mismo. La máxima responsable de la Diputación, a quien Valentín González Formoso le concede el mismo cargo que José Luis Rodríguez Zapatero entregó a Manuel Chaves, habría tenido menos opciones si su padrino político hubiera desafiado a los jefes del aparato. El escándalo judicial que supone la entrada en prisión de un funcionario al servicio del alcalde por colocar con un sueldo de cerca de 100.000 euros a la cuñada de Silva no habría restado puntos a la dirigente provincial para ocupar la Presidencia del PSOE en Galicia, pero una queja del alcalde de Vigo sí podría haberlo producido. No fue el caso. Caballero callado, Carmela ascendida y el AVE, guardado en un cajón. Todos contentos.

Tampoco resulta novedoso que el socialista tenga que tragarse sus propias palabras, pues cabe recordar que cuando era ministro de Transportes prometió que el AVE llegaría en 1993, algo que casi 30 años después sigue sin materializarse. Además, aunque Caballero se comprometió a no ser candidato en el 2007 si José Luis Rodríguez Zapatero no sacaba adelante el proyecto y pedir una movilización en el año 2017, la llegada de Sánchez a la Moncloa parece haber hecho que se olvide de todas sus reclamaciones y exigencias pasadas.

A estas alturas, parece evidente que lo que el regidor llama “prioridades” de su mandato no son más que simples quimeras de un discurso que va modificando a su conveniencia.