Brais para soñar

Brais celebra uno de sus goles. Foto: LaLiga

El Celta se impone al Rayo en la vuelta del fútbol a Balaídos con dos goles del centrocampista que permiten a los del ‘Chacho’ mirar hacia Europa

Vuelve el fútbol a Balaídos; la liturgia de Tebas, hoy aderezada en un atardecer digno de invierno, camino ya de la primavera, cuando los días se alargan trazando cielos rosas y morados. Una mezcla esperanzadora de colores, que levanta el ánimo del hincha, siempre fiel, siempre penitente, siempre dispuesto a ilusionar e ilusionarse. Más, si cabe, en una tarde ordenada que deja al Celta décimo, mucho más cerca de Europa que de la eterna agonía del descenso.

Dos chispazos de Brais y mucho esfuerzo colectivo bastan para imponerse a un Rayo entre dos tierras, con el corazón dividido de aquel que no sabe si defender lo conquistado -la liga-, o entregar sus ilusiones a un futuro tan incierto como arrebatador -las semifinales de Copa-. El Celta, por desgracia, lo tiene claro. Los sueños los enfangó en una tarde estúpida de Reyes. Qué más da. Es otra historia, otro relato de la desesperanza de un hincha que, pese a todo, no deja de creer, y que empuja a los suyos desde el arranque.

Porque sale fuerte el Celta, y ese ritmo de antaño, ya por fin presente en el presente, se mantiene todo el duelo. Gana los balones divididos, muerde en cada envite, mete la pierna con más fuerza, empuja y es vertical. Y lo hace sustentado sobre una pareja de centrales que, quien sabe, podría llegar a ser algo muy digno: Aidoo y Carlos Domínguez.

Así, en ese vértigo, en ese querer siempre robar para buscar a un compañero hacia adelante, llega el primer gol, que comienza en una banda y termina en la contraria, todo en uno o dos toques. El tránsito fugaz que conduce de Mallo hacia Denis, a Beltrán, a Cervi, y a Galán, que la pone de rosca al segundo palo en un centro al que acude Mina porque le sobra de fe lo que le falta de talento. Y sin embargo, ese arrebato hace dudar a Dimitrovic, que despeja mal concediendo a Brais una pelota que amortigua con el pecho y golpea con su zurda, a veces de artista, a veces tan cansina. Hoy, lo primero, poesía en movimiento. Uno a cero con la pelota colándose entre el poste y los defensas del Rayo.

Sigue el duelo intenso, fajador, de pierna fuerte. Y sigue el Celta mandando en la mayoría de disputas. Aunque siempre hay un pero en este equipo y la tiene el Rayo en el 22′. Cede atrás Hugo una de esas bombas que no se le envían a un amigo, balón botando alto, a la altura casi del ombligo, y Dituro que se lo saca de encima como puede. Entra plano el golpeo, y Denis toca raso hacia la zaga una pelota que choca sin querer en Fran Beltrán habilitando, sólo y en el área, a Álvaro García, que, por fortuna, intenta una vaselina estéril.

Con poco más de fútbol pero mucho de presión se alcanza el vestuario, dibujando el partido a la vuelta un guion idéntico. El Rayo quiere algo más, y mete a Falcao, uno de esos delanteros de los que el hincha siempre espera lo peor. Es decir, el gol. Por fortuna, Aidoo, que sigue creciendo porque la naturaleza siempre encuentra sus caminos, se mantiene firme y atento y nada se sabe apenas del 3 falso del Rayo.

Aguanta el Celta, y la tiene Santi en dos salidas fulgurantes desde atrás. La primera, tras una carrera de treinta metros, la desbarata, ya sin ángulo, el portero. La segunda, después de una buena triangulación en la frontal, la revienta el de Vigo a Marcador.

Y así, sin que pase nada más que el tiempo, se alcanza el minuto 82, antesala de otra ramalazo de artista de Brais Méndez. Saca el córner Denis, y la pelota se queda corta, dirigiéndose al pico del área pequeña en el primer palo. Por allí aparece el de Mos, para, de espaldas al arco, dejarla pasar entre las piernas antes de rozarla sutilmente de tacón. Otra vez más, poesía en movimiento. Dos a cero.

De ahí hasta el final la tiene el Rayo en el 90′ en la cabeza de Sergi Guardiola. El cabezazo del punta acaba en el larguero, evitando por una vez el sufrimiento de la hinchada celeste, que sigue cantando, esperanzada, con la noche ya caída y un cielo negro que recoge los últimos gritos de esperanza. La de un equipo, la de un club, la de Vigo, que, de repente, se acuesta soñando, a dos puntos de Europa, lejos, muy lejos, de los insufribles sudores del infierno. Quién sabe. Tampoco hay muchos Brais o muchos Iago. Próxima parada, Cádiz. Sábado 12 de febrero en horario de liturgia pagana: dos de la tarde.