Bares… ¡qué lugares!

“Bares, que lugares, tan gratos para conversar. No hay como el calor del amor en un bar”. Definitivamente, Tezanos, un lacayo, no ha comprendido nunca el mensaje de Gabinete Caligari, ni que España y los españoles, entre sus virtudes, aún conservan el de ser tabernícolas o tabernarios, vivir en la calle, relacionarse, abrazarse, ser solidarios en la adversidad y dejar de generar odio y rencor.

Ha ganado Ayuso y el PP se sube al carro. Cierto que la chulapa dispone de buenos asesores, pero ha tenido el acierto de coincidir con ellos y hacerles caso, en lugar de utilizarlos, como ya viene siendo habitual en nuestra política patria con la única meta de que le den la razón en sus ocurrencias, al líder de que se trate.

Hoy la pandemia lo es todo, pues todo lo ocupa y todo lo condiciona. No se ya cuantas veces he escrito que esto es una triple crisis: la sanitaria, la económica y la social, o salud, dinero y amor, tres personas distintas en un único dios verdadero, el ser humano. No existe la felicidad si no existe un equilibrio entre estas tres patas, y no vale aquello de que “la salud es lo primero”, pues la mayoría hemos permanecido sanos, pero las ruinas personales, corporativas y nacionales, han sido demoledoras, mientras la ruina social ha hecho mella en gran parte de la sociedad descomponiéndolo todo. No vale lo de “a quien quieres más, ¿a papá o a mamá?”.  Ayuso ha representado la sabiduría del equilibrio, el atender a la salud, a la economía y al amparo del ciudadano, hablar claro, enfrentarse a quienes querían imponer un control programado en su propio beneficio, poner en evidencia a quienes han hecho de la mentira su santuario, y desde un cierto populismo, y una cierta chulería, muy del agrado del personal, ese pueblo ha sabido valorarlo y agradecérselo, muy por encima de una campaña de frente populismo, de abrir viejas heridas, de intransigencias callejeras y del tradicional odio de una izquierda, que ha vuelto y resucitado posturas decimonónicas, sin más propuesta que la continua pelea y descalificación desde una ignorancia cada día más preocupante. 

Empezó en su día Zapatero, le siguió Sánchez y lo remató Iglesias, y ya no funciona. Lo de abrir viejas heridas ya cicatrizadas y practicar un socialismo y comunismo rancio de principios del pasado siglo, ya no mueve más que a irredentos fanáticos. No se puede seguir haciendo gala de una profunda ignorancia calificando a todo adversario de fascista o de franquista, cuando el votante medio ni siquiera ha conocido tales situaciones, más que en el recuerdo forzado de quienes ya han pasado página. Si ello además se hace a través de individuos que se mueven permanentemente en la mentira y en el engaño al elector, el resultado no ha de sorprender a nadie.

Nuestra clase política, toda ella, desde los españolistas hasta los que odian a España, se han cuidado muy mucho de formar a una nueva generación que de cultura general lo ignora todo, nada sabe de historia, no lee, no escribe, y se expresa de forma absolutamente penosa. Pero si les hablas de Franco y no saben ni quién era. Les hablas de fascismo y no tienen ni la menor idea de que se trata. De la república lo ignoran y confunden todo. Identifican el hembrismo con el feminismo. Entienden por cultura lo más chungo de cualquier programa televisivo. 

El mundo de las ideas ha sido sustituido por simples esquemas, sobre todo desde que la enseñanza pública está tomada por la izquierda políticamente correcta con un peso cultural deleznable: socialismo y comunismo es bueno, mientras fascismo y capitalismo es malo, como también la monarquía, aunque se trate de la constitucional sin más poder que el representativo, y todo en aras de la exaltación de la democracia, aunque la real aun no la hayamos catado y en su lugar vivamos un sucedáneo de chicha y nabo, donde los dictadores de cada partido hacen lo que les viene en gana. No obstante todo se reduce a unos malos malísimos, fascistas, comedores de niños y violadores de viejas, los de Vox. ¿A eso hay que apelar?

Hoy, no obstante, la crisis sanitaria, económica y social, está dejando paso a una crisis política de enorme envergadura. En el centro la desaparición de Ciudadanos parece evidente. En la extrema izquierda, la espantada (las ratas son las primeras en abandonar el barco) de Iglesias, quien no va mucho más allá de un perro flauta ilustrado, tras asegurar (mintiendo una vez más) que se quedaría donde el pueblo lo pusiera, incapaz de soportar el ser el último de la fila, de perder el sueldo de ex, y de la tentación de abrir la puerta giratoria que le otorgará Roures con un programa de critica política a su medida, tras montarnos la película del gran sacrificado en aras del bien del partido y bla, bla, bla, que algún ingenuo se ha creído que “le honra”, ha dejado a un partido, que en su día le aupó, y del que prescindió de todos los que pudieran hacerle sombra, al tiempo que aupaba a quienes no se la harían (pura casta), pareja suya incluida (ministra de que más da), en una situación caótica en la que ya unos empiezan a insultar a los otros y viceversa.

Lo de la izquierda o lo que sea hoy en día el PSOE, empieza a ser de traca, con un presidente huido y cortando cabezas ajenas al problema para tapar sus vergüenzas, una vicepresidenta insultando al electorado, volviendo a la cantinela fascista y buscando razones en los cerros de Úbeda, toda una panda de ministros, ministras y ministres, contándonos la milonga de que todo va bien, en su eterna postura de mentir cada vez con mayor énfasis, y todos ellos prestos a vivir de una posición política que ya en nada responde al sentir popular, a la espera de repartir a su aire la tarta europea.  

Por la derecha, el ciclón Ayuso ha provocado también otra crisis, agridulce en este caso pero crisis a la larga. Las claras posibilidades de Feijoo languidecen, las eternas de Casado se estancan ante la luz que desprende ahora Ayuso, y de nuevo el liderazgo futuro vuelve a nublarse, con cuatro protagonistas de muy distinto talante y talento. En el centro, la gran protagonista, la triunfadora ocupando el ala derecha del partido. En el noroeste, la sólida (hasta ahora) esperanza gallega ocupando el ala izquierda, en el sur un andaluz, menos ruidoso, más centrado entre ambas posturas, todos ellos triunfadores en sus comunidades y de momento, en la cúpula, el único que no ha ganado nada y el que mueve menos de los tres. Si eso no es otra crisis…

 Por otra parte, los de la derecha dura, los malos de la película, ahora resulta que han perdido fuelle en el barrio de Salamanca, el Alcazar de los fachas, y lo ganan en buena proporción en Vallecas, la cuna del proletariado, ese sector de Madrid en el que el coletas quería vivir siempre para no abandonar a los suyos.

Curiosamente todo empieza en Murcia con una maniobra del PSOE y Ciudadanos contra el PP, generando un Tsunami que ya se extiende por toda la península, gracias al olfato de Ayuso y los suyos y su capacidad de reacción y de desarmar la maniobra, una explosión que le estalla de lleno en los morros de Sánchez, ahora ya de nuevo en guerra abierta y fratricida con la sultana andaluza, en el culo de Iglesias, en la bobalicona ingenuidad de Gabilondo, catedrático a la fuga, y en la mamandurria de una peña de ministres de chicha y nabo a mayor gloria del guaperas. Una izquierda que una vez más resulta maestra cuando denuncia lo mal que lo hace la derecha, pero que es incapaz de proponer soluciones adecuadas, al tiempo que cada vez que toca poder nos lleva de cabeza a la ruina, a una deuda externa galopante, y a chupar del bote cada vez en mayor número de beneficiarios. Entre esto y que lo del franquismo, el fascismo, y lo malísima que es la derecha, colgándole además a Vox todo tipo de sambenitos y de acciones ultras inexistentes, hace que el “pueblo” acabe hasta los cataplines de tanto enfrentamiento, provocación, peleas inútiles, mentiras y acciones absolutamente ajenas a las necesidades del ciudadano, unas por obsoletas, y otras por estúpidas en grado sumo, suma, o sume, debiendo soportar al tiempo nombramientos de ministros y ministras que difícilmente harían carrera en una reunión de comunidad de vecinos.

Esto es una empresa que se llama democracia, donde quien decide es el pueblo, al que debe dársele absolutamente toda la información como jefe de la empresa que es, y quien gestiona es el partido que ha convencido a aquel de que lo va a hacer mejor que el resto, pues su sistema es el adecuado para llevar a buen fin lo que quiere el pueblo. Hasta ahí la teoría. En la practica quien hace de su capa un sayo es el gestor, quien ni informa de nada determinante al pueblo y que solo pregunta cada cuatro años sobre el resultado de haberlo hecho todo al revés. El problema es que esa empresa es ficticia, es como la Administración, no quiebra nunca aunque la gestionen los peores, los más sinvergüenzas y lo más chungo de la sociedad, pues siempre está ese pueblo para soportarlo todo y sin exigir responsabilidades civiles y penales, pues las políticas a nada alcanzan a reparar la ruina.

Esto no ha hecho más que empezar. Nos esperan jornadas de lo más divertido, patético, triste, canalla y mucho más, en las que, sin duda alguna, la realidad habrá de superar a la ficción. Al tiempo y.… día a día.