Atienden con un perro de terapia a una paciente mejorando su bienestar emocional durante el tratamiento

La paciente ha reducido la medicación para afrontar sus patologías gracias al apoyo su perro en situaciones que le provocan alteraciones

El servicio de Rehabilitación del Hospital Ribera Povisa recibe a una paciente acompañada de su perro de terapia. La unidad permite la presencia de este tipo de animales de terapia en sus instalaciones a los pacientes que lo soliciten para asistir a sus sesiones terapéuticas.

La viguesa Ana María F. ha sido una de las primeras pacientes en solicitar el permiso al servicio de Rehabilitación para que su perro de terapia la acompañe en cada cita. Suzuki, un pequeño perro adoptado mestizo, está registrado como perro de compañía con función de terapia, en el Registro Gallego de identificación de animales de compañía, y cuenta con el aval de un informe médico que justifica y autoriza que esté con Ana María en las instalaciones hospitalarias, así como en otros lugares donde habitualmente no se permite la presencia de animales de compañía.

“Tengo depresión y tendencia a aislarme, a quedarme en casa y no salir. Leí que en América es muy habitual que se tengan animales de compañía para ayudar con las terapias y lo consulté con mi psicóloga. Ella me ayudó muchísimo con la parte administrativa. Junto con el psiquiatra elaboraron el informe médico y mi veterinaria me ayudó a inscribir correctamente a mi perro en el registro gallego de identificación de animales de compañía con el destino: terapia”, explica, aunque aclara que no es una figura que se dé en todas las comunidades autónomas.

“Tengo agorafobia y depresión, y otras complicaciones, y adoptar a Suzuki me ha ayudado muchísimo. He reducido mucho la medicación y puedo salir sola de casa porque su compañía me tranquiliza mucho”, explica Ana María que adoptó a Suzuki hace casi tres años. “Tener que cuidarlos y atender sus necesidades, me motiva a ponerme en marcha cada mañana. Antes apenas salía de casa porque me entraba mucha angustia, pero tengo que sacarlo un par de veces al día y he conseguido tener una rutina con él que me hace salir y pasear”, añade.

Si bien la vida cotidiana con Suzuki transcurre con normalidad cuando le dieron cita para las sesiones de rehabilitación, Ana María, por sus patologías, necesitó medicación extra para salir del barrio y llegar a las instalaciones del hospital. Al permitir la presencia de su animal de terapia, pudo eliminar esa medicación y acudir con normalidad a sus sesiones.

Por parte del servicio de Rehabilitación no ha habido ningún problema para recibir al animal de terapia. En el momento de pedir la cita, la paciente especifica que acudirá con su perro y se reserva el espacio más adecuado para que ambos estén tranquilos y cómodos durante su sesión. La iniciativa forma parte del Plan de humanización que el grupo Ribera desarrolla en todos sus centros sanitarios.

“Yo lo rescaté a él, pero él me rescató a mí”, añade Ana María que puntualiza: “Antes de adoptarlo hay que ser muy consciente de que el perro tiene unas necesidades: salir dos veces al día, dar un paseo largo, socializar con otros perros, independientemente de cómo te encuentres tú. Es un compromiso fuerte”.

Los animales de terapia o soporte emocional no han recibido un entrenamiento específico, pero brindan consuelo, compañía y apoyo a las personas que pasan por alguna condición emocional que les altera y la presencia de dicho animal les alivia y ayuda a pasar en mejores condiciones por la situación que les causa dicha alteración.