Amores de verano

Foto: LaLiga

«Rafa, Rafael, Rafinha, carioca, español, catalán, gallego, mediapunta e interior, extremo indefinido, constructor de juego, ni rápido ni lento, ni llegador ni ancla, defínase, defínete con quien te quiere como eres, ordénate Rafa, vente a la banda»

En los pueblos de Costa, en cada temporada estival vuelven de las capitales veraneantes asiduos, en toda la geografía gallega se reciben visitantes habituales que son ya parte de la villa durante meses.

Muchas veces son familias que retornan, con sus hijos e hijas, que al llegar la adolescencia provocan sorpresa en los jóvenes del lugar, surgen bellos, fugaces, intensos los amores de verano.

Personas, proyectos en muchos casos, que tras 9 meses sin noticas el uno del otro vuelven a juntarse cada final de junio. Así es Rafinha,  alguien con el que nunca pasamos el suficiente tiempo para aburrirnos, alguien que siempre se va antes de que podamos estropearlo.

Y en estas, en la exaltación patria que uno suele sentir cada dos veranos gracias al fútbol de selecciones, vuelven los rumores sobre Rafa y sobre nosotros, mientras su hermano es intrascendente en la roja como intrascendente es Rafa en París, porque sólo el amor del verano en el pueblo lo valora.

Rafa, Rafael, Rafinha, carioca, español, catalán, gallego, mediapunta e interior, extremo indefinido, constructor de juego, ni rápido ni lento, ni llegador ni ancla, defínase, defínete con quien te quiere como eres, ordénate Rafa, vente a la banda.

Quizás en Madrid exista gente recién divorciada que piensa en aquel joven alegre de A Pobra do Caramiñal con el que compartía paseos y calas imposibles, algún barcelonés puede que piense tras su separación en aquella pizpireta adolescente de Baiona con la que compartía besos verbenas y tardes en la playa.

Ellos nunca podrán resolver la duda que les atormenta, y si… Rafinha, lo que debes hacer, lo sabes, dejarte de proyectos llenos de dinero y vacíos de pasión, vuelve, rebájate el sueldo, aquí con menos se vive mejor que en París, aquí una victoria sería más plena que 40 en Barcelona, aquí tendrás siempre la playa, los helados, los atardeceres, aquí siempre es verano.

Dicen aquello de que uno siempre vuelve a donde fue feliz, y lo estropea porque las circunstancias perfectas en las que encontró la plena satisfacción nunca se repiten. Mienten amargados, solo debe uno acostumbrar el cuerpo a las nuevas situaciones y entregarse de lleno a donde le quieren, imperfecto indefinido, desordenado.