Abel Caballero culpa al PP del adelanto electoral y vuelve a cerrar filas con Pedro Sánchez. El problema para el alcalde es que Vigo acumula demasiadas promesas pendientes del Gobierno al que nunca exige con la misma contundencia que a la Xunta
Hay una frase de Abel Caballero que empieza a resultar difícil de conciliar con la realidad. Pedro Sánchez es, según el alcalde, “el mejor presidente del Gobierno de la historia de la democracia para Vigo”. Lo dijo en 2023 y lo ha seguido defendiendo después. Ahora, convocadas las elecciones generales para el 29 de noviembre, vuelve a cerrar filas con Sánchez y responsabiliza a Feijóo y al PP del adelanto electoral por tumbar los decretos de vivienda.
Caballero está en su derecho de hacer campaña por su partido. Es, además de alcalde, un dirigente socialista que con demasiada frecuencia trata de ocultar esta condición. Lo que resulta mucho más discutible es que utilice la Alcaldía para construir un relato en el que todos los males que afectan a Vigo proceden sistemáticamente de la Xunta y todos los méritos corresponden al Gobierno central, incluso cuando los hechos ofrecen una fotografía bastante más incómoda.
El ejemplo más inmediato es precisamente la vivienda. Caballero acusa ahora al PP de impedir una solución para millones de personas y recuerda que durante los gobiernos de Feijóo la construcción de vivienda pública en alquiler en Vigo fue, según sus palabras, “cero”.
Pero mientras el alcalde vuelve a señalar a la Xunta, es precisamente la Administración autonómica la que está construyendo vivienda pública a gran escala en Vigo.
A comienzos de este año, la Xunta cifraba en 920 las viviendas públicas en marcha en la ciudad, fundamentalmente en Navia, con 134 millones de euros ya en ejecución. A ellas se suman los nuevos desarrollos previstos en ámbitos como el Ofimático o Ramón Nieto.
El contraste con la gran apuesta estatal en Vigo, Casa 47, es evidente. Su estreno en la ciudad se ha limitado a 67 viviendas ya existentes, incorporadas al parque público y ofertadas en alquiler, con un precio medio anunciado de 662 euros mensuales.
No son cero viviendas, desde luego, pero casi. Y tampoco parece una actuación que permita presentar al Gobierno de España como el gran constructor de vivienda pública en Vigo y a la Xunta como una Administración ausente.
Y menos todavía cuando esta misma semana se conoció que el Gobierno gallego ha recibido siete ofertas para levantar en Navia otros 80 alojamientos compartidos para jóvenes, con una inversión prevista de 9,6 millones de euros. La realidad resulta bastante menos cómoda que el eslogan.
Pero la vivienda es solo una parte del balance. Caballero ha explicado su entusiasmo con Pedro Sánchez con una frase particularmente reveladora. En una entrevista publicada este verano aseguraba que es el mejor presidente para Vigo porque “a todo lo que le pido me dice que sí”.
El problema es que una ciudad no vive de los síes. Vive de las obras terminadas.
Pedro Sánchez llegó a La Moncloa en junio de 2018. Han pasado más de ocho años. Y buena parte de las grandes infraestructuras que Vigo reclamaba entonces siguen formando parte de la agenda de reivindicaciones de la ciudad.
La alta velocidad directa por Cerdedo continúa pendiente. La Salida Sur ferroviaria, imprescindible para conectar Vigo con Portugal sin convertir la estación de Urzaiz en un fondo de saco, sigue recorriendo trámites y estudios. Y la alternativa a la peligrosa A-55 mediante una nueva conexión en túnel entre Vigo y O Porriño se mantiene como una solución de futuro. No son proyectos que hayan aparecido ayer. Vigo lleva años esperando por ellos.
Resulta especialmente significativo recordar que ya en enero de 2020 Caballero señalaba precisamente el AVE, la autovía en túnel hacia O Porriño y otras actuaciones estatales como proyectos que deberían desbloquearse con un Gobierno estable presidido por Pedro Sánchez. Han pasado casi siete años desde aquellas palabras.
Y ese es probablemente el verdadero problema del discurso del alcalde. Cuando una obra de la Xunta se retrasa, Caballero encuentra veloz un responsable. Cuando discrepa de una decisión autonómica, la denuncia hasta el populismo. Cuando considera que Galicia no invierte lo suficiente en Vigo, exige, contabiliza y confronta.
Es legítimo. Un alcalde debe exigir a las demás administraciones. Lo difícil de explicar es por qué esa exigencia prácticamente desaparece cuando la Administración responsable tiene su sede en Madrid y está gobernada por su propio partido. Porque Vigo necesita que la Xunta cumpla. Pero necesita exactamente lo mismo del Gobierno de España.
Necesita vivienda pública; necesita una conexión ferroviaria competitiva con Ourense y Madrid; necesita una Salida Sur que permita mirar hacia Portugal; y necesita una solución definitiva para una A-55 que sigue soportando decenas de miles de vehículos cada día. Y después de ocho años de Pedro Sánchez en La Moncloa, la ciudad está más necesitada que nunca.
Y en este escenario, Caballero anuncia que el PSOE sale “a ganar” las elecciones del 29 de noviembre. Es comprensible como dirigente socialista. Pero desde su condición de alcalde, esa que dice anteponer a cualquier cosa, la pregunta debería ser otra. ¿Qué ha ganado Vigo durante estos ocho años en aquellas grandes infraestructuras que todavía está esperando?
La respuesta no puede ser que Pedro Sánchez es el mejor presidente de la historia para la ciudad. Los presidentes no se miden por las veces que dicen que sí. Se miden por sus obras. Y Vigo lleva demasiado tiempo escuchando síes mientras sin obtener más a cambio.

