Caballero y el Cunqueiro: once años de protestas y una realidad que no cabe en sus discursos

El alcalde vuelve a cargar contra la Xunta y respalda otra manifestación sanitaria. Lo hace el mismo día en que se licita una ampliación de Urgencias de 2,37 millones y después de una década de avances y reconocimientos internacionales del hospital que cuestionó desde su apertura.

En septiembre de 2015, Abel Caballero estaba entre los manifestantes que recorrían las calles de Vigo contra el recién inaugurado Hospital Álvaro Cunqueiro. El alcalde exigía entonces una reforma integral del proyecto sanitario y cargaba contra el Gobierno gallego de Alberto Núñez Feijóo. Once años después, el escenario político ha cambiado, pero algunas de sus declaraciones sobre la sanidad viguesa resultan extraordinariamente familiares.

Este martes, Caballero ha vuelto a describir como «insoportable» la situación de la atención sanitaria en Vigo. Ha denunciado las listas de espera, reclamado más profesionales y anunciado su respaldo a una nueva manifestación convocada por SOS Sanidade Pública.

La protesta forma parte de sus derechos como representante público. Pero también lo es exigirle que acompañe las denuncias con una visión completa de la realidad sanitaria de la ciudad.

Porque entre aquellas manifestaciones de 2015 y las declaraciones de este martes han ocurrido muchas cosas. El Álvaro Cunqueiro ha desarrollado nuevas capacidades asistenciales, incorporado tecnología avanzada y recibido reconocimientos internacionales. Y, precisamente el mismo día de las críticas del alcalde, la Xunta ha anunciado una nueva actuación para ampliar sus Urgencias.

Ninguno de esos avances borra las listas de espera. Pero tampoco las listas de espera deberían borrar todo lo demás.

La hemeroteca de un enfrentamiento que viene de lejos

La posición del alcalde no es nueva. El 3 de septiembre de 2015 participó en una multitudinaria manifestación contra el modelo de puesta en marcha del Álvaro Cunqueiro.

Al día siguiente, Caballero calificó aquella movilización como un momento histórico y reclamó que Feijóo respondiese a las demandas de los vigueses. Exigía reformar todo el proyecto hospitalario y denunciaba las deficiencias que, a su juicio, presentaba el nuevo centro.

En mayo de 2016 volvió a participar en otra manifestación que reclamaba el rescate de la concesión del hospital y cuestionaba el modelo de gestión elegido por la Xunta.

Es importante recordar el contexto: aquellas protestas incluían reivindicaciones sobre el aparcamiento, la dotación de camas, los servicios sanitarios y la financiación del complejo. No todas eran infundadas, y las críticas al modelo contractual encontraron posteriormente respaldo en observaciones del Consello de Contas.

Pero la discusión sobre cómo se construyó y financió el Cunqueiro no puede convertirse en una descalificación permanente de todo lo que representa el hospital.

La evolución del centro durante estos once años también forma parte de su historia. Y merece ser examinada con el mismo interés con el que se examinan sus deficiencias.

El hospital que fue objeto de protestas también recibe reconocimientos internacionales

En 2022, el servicio de Radiología del Álvaro Cunqueiro fue seleccionado entre cinco hospitales europeos para participar en un programa especializado de formación de la Sociedad Europea de Radiología. Fue el único centro español incluido.

En marzo de 2024, su servicio de Cardiología recibió el reconocimiento de B. Braun como centro internacional de referencia en el tratamiento de determinadas patologías coronarias mediante balones recubiertos de fármaco. Se convirtió en el segundo hospital del mundo en alcanzar esa distinción para dicha técnica.

El centro también ha avanzado en cirugía robótica, tratamientos oncológicos de alta complejidad y desarrollo de unidades especializadas.

Hace apenas unos días, Vigo acogió el primer Congreso Nacional de Gestión Quirúrgica, celebrado en el propio Álvaro Cunqueiro. Durante el encuentro, responsables de gestión sanitaria destacaron la modernización de sus instalaciones y la robotización de los quirófanos.

Es legítimo discutir si el hospital dispone de suficientes recursos. Lo que no sería riguroso es describir su trayectoria únicamente a partir de las carencias.

Y esta distinción importa especialmente por los profesionales que trabajan en sus instalaciones. Médicos, enfermeros, técnicos y demás personal sanitario son los protagonistas de buena parte de los reconocimientos y avances que el centro ha conseguido.

Una ampliación de Urgencias anunciada el día de las críticas

La coincidencia de este martes añade un elemento especialmente relevante al debate.

Mientras el alcalde anunciaba su apoyo a la manifestación y denunciaba las insuficiencias de la atención sanitaria, la Xunta sacaba a licitación por 2,37 millones de euros la ampliación de las Urgencias del Álvaro Cunqueiro.

El proyecto contempla actuaciones sobre más de 2.300 metros cuadrados, quince nuevos boxes asistenciales, tres puestos adicionales de triaje, una zona de psiquiatría de urgencias y cuatro puestos para pacientes semicríticos.

Se trata de una ampliación vinculada al crecimiento de la actividad asistencial. El servicio pasó de 147.000 atenciones en 2022 a casi 166.000 en 2025, un incremento del 13,1% en tres años.

Las obras todavía deben adjudicarse y no comenzarán, según las previsiones, hasta la primera mitad de 2027. Su anuncio no resuelve los problemas actuales.

Pero hay una pregunta que merece plantearse: ¿puede evaluarse con rigor la respuesta de la Xunta a las necesidades sanitarias de Vigo sin incluir también las inversiones que está promoviendo?

La crítica a la gestión resulta compatible con el reconocimiento de las actuaciones concretas. Presentar unas sin las otras dejaría al ciudadano con una información incompleta.

Las listas de espera no son un eslogan

Caballero denuncia que el 14% de la población del área sanitaria está en alguna lista de espera y advierte de citas con especialistas que se demoran hasta abril de 2027.

Son afirmaciones que requieren atención y contraste con los datos oficiales.

Al cierre de junio de 2026, el área sanitaria de Vigo registraba 10.780 pacientes pendientes de intervención quirúrgica, frente a 8.991 un año antes. La demora media había aumentado de 70,6 a 86 días.

Aquí existe un problema concreto y medible que debe explicarse y corregirse. No necesita exageraciones ni simplificaciones para resultar preocupante. Como tampoco permite olvidarse de las continuas huelgas de los profesionales sanitarios ante la inacción del Ministerio, demasiado complacido estos años en la confrontación política.

Los pacientes no pueden conformarse con que un hospital tenga tecnología de última generación si deben esperar demasiado para acceder a un especialista. Pero tampoco puede concluirse que la calidad asistencial del centro sea deficiente únicamente porque sus tiempos de espera hayan empeorado.

Para evaluar la respuesta sanitaria hacen falta datos sobre plantillas, actividad, demanda, inversiones y resultados asistenciales. Y hacen falta compromisos verificables para mejorar las demoras.

Menos confrontación y más respuestas concretas

El debate sobre el Álvaro Cunqueiro vuelve periódicamente al mismo punto: el alcalde denuncia y las organizaciones sanitarias reclaman mejoras. La confrontación institucional forma parte de la política. Pero no puede sustituir un examen de los resultados.

Caballero tiene derecho a exigir al Gobierno gallego las actuaciones que considere necesarias. Debería hacer lo mismo con el Ministerio de Sanidad ante el guarda un escrupuloso silencio.

Pero el alcalde también debe responder a preguntas sobre su propio discurso: qué valoración hace de los avances del hospital desde 2015, qué mejoras reconoce y qué medidas específicas considera prioritarias para solucionar los problemas actuales.

El Álvaro Cunqueiro es un hospital de referencia para miles de ciudadanos y el lugar de trabajo de profesionales que merecen una evaluación rigurosa de su labor.

Once años después de aquellas primeras protestas, Vigo dispone de información suficiente para mantener un debate sanitario más amplio que el intercambio habitual de reproches.

El contraste entre las declaraciones de 2015, los reconocimientos conseguidos desde entonces y los problemas que persisten en 2026 ofrece una oportunidad para hacerlo.

La pregunta ya no debería limitarse a quién protesta con mayor contundencia, sino a quién presenta soluciones concretas, cómo se ejecutan y qué resultados ofrecen a los pacientes. Y ahí parece que algunos llevan mucho ventajas pese a los constantes mensajes populistas.