Hay canciones que representan una época hasta el punto de terminar convertidas en una puerta de entrada para descubrir todo un género. Para una generación que creció entre el post-hardcore, el emo y las últimas grandes ediciones del Warped Tour, pocas encajan mejor en esa definición que «King for a Day», de Pierce The Veil junto a Kellin Quinn.
Publicada en 2012, la canción formó parte de Collide with the Sky, el tercer álbum de Pierce The Veil y el trabajo que terminó de colocar a la banda de San Diego entre los nombres fundamentales de aquella escena. Guitarras vertiginosas, cambios constantes de intensidad, melodías que aparecen entre los gritos y una interpretación vocal llevada prácticamente al límite construyen un tema que apenas concede descanso durante sus casi cuatro minutos.
Pero «King for a Day» tenía además un ingrediente difícil de repetir: el encuentro entre Vic Fuentes, cantante de Pierce The Veil, y Kellin Quinn, vocalista de Sleeping With Sirens. Dos de las voces más reconocibles del post-hardcore de aquellos años compartiendo una canción diseñada precisamente para explotar sus contrastes.
Curiosamente, ambos músicos ni siquiera se conocían personalmente cuando surgió la colaboración. Pierce The Veil quería contar con Quinn después de que numerosos seguidores planteasen la posibilidad de juntar ambas voces y Vic Fuentes terminó contactando con él. Las partes vocales se grabaron por separado y buena parte del trabajo entre ambos se desarrolló a distancia.
El resultado terminó superando con mucho la condición de colaboración puntual.
Llegar al límite y responder
El título «King for a Day» nació a partir de una idea del entonces batería de Pierce The Veil, Mike Fuentes, pero alrededor de esas palabras se construyó una canción dominada por la frustración acumulada.
No habla realmente de convertirse en rey durante un día. Habla de ese momento en el que alguien ha soportado demasiado.
Vic Fuentes ha explicado el tema como una reacción ante quienes se consideran superiores, menosprecian a los demás o intentan aprovecharse de ellos. Esa sensación de estar permanentemente por debajo, de no ser suficientemente bueno para determinadas personas y de acumular pensamientos que finalmente necesitan salir.
Y la música responde exactamente a esa idea.
«King for a Day» comienza prácticamente sin preparación y rápidamente enfrenta las voces de Fuentes y Quinn sobre guitarras aceleradas y una batería que empuja constantemente hacia delante. Los pasajes melódicos apenas sirven para recuperar aire antes de regresar a los gritos, los cambios de ritmo y uno de esos estribillos concebidos para ser cantados por miles de personas.
No es una canción especialmente contenida ni pretende serlo. Su atractivo está precisamente en ese exceso controlado, en convertir cuatro minutos de rabia en algo sorprendentemente pegadizo.
El contraste entre Vic Fuentes y Kellin Quinn termina haciendo el resto. Sus registros son similares en algunos momentos, pero suficientemente diferentes como para que la alternancia entre ambos mantenga una tensión constante hasta desembocar en una parte final que se ha convertido en uno de los momentos más reconocibles del repertorio de Pierce The Veil.
Un atraco para ajustar cuentas
También ayudó, y mucho, su videoclip.
Dirigida por Drew Russ, la pieza transforma la frustración de la canción en una pequeña película de atracos. Vic Fuentes y Kellin Quinn aparecen convertidos en empleados de un banco sometidos a un jefe que acaba de reducir el sueldo de sus trabajadores.
Cuando ambos descubren que ese mismo directivo está desviando millones de dólares a una cuenta bancaria en Suiza, deciden tomarse la justicia por su mano.
El resto de Pierce The Veil entra entonces en escena y lo que parecía una jornada rutinaria de oficina termina convirtiéndose en un elaborado asalto al banco. Trajes, maletines, máscaras, empleados aterrorizados y una caja fuerte llena de dinero sirven para construir una historia deliberadamente exagerada que encaja perfectamente con el espíritu de la canción.
El atraco, además, tiene su particular componente de revancha. El dinero termina en manos de los trabajadores mientras el verdadero responsable de la trama acaba enfrentándose a las consecuencias de sus actos.
La idea convierte literalmente el mensaje de la canción en imágenes: quienes permanecían sometidos durante buena parte de la historia terminan controlando la situación, aunque solo sea por un día.
Una segunda vida diez años después
Lo especialmente curioso de «King for a Day» es que su historia no terminó en 2012.
Una década después de su lanzamiento, la canción encontró una nueva generación de oyentes gracias a TikTok. Fragmentos del tema comenzaron a utilizarse masivamente en la plataforma y el fenómeno terminó trasladándose a las reproducciones musicales.
En 2022, diez años después de su publicación original, «King for a Day» alcanzó el número uno de la lista Hard Rock Streaming Songs de Billboard.
El regreso coincidió además con un nuevo momento de enorme visibilidad para Pierce The Veil. Ese mismo año, Vic Fuentes y Kellin Quinn volvieron a interpretar juntos la canción durante el festival When We Were Young de Las Vegas, uno de los grandes puntos de encuentro para las bandas y el público que habían protagonizado aquella escena durante los años 2000 y comienzos de la década siguiente.
Pocas canciones explican mejor cómo ha cambiado el consumo musical en los últimos años. Un tema nacido en plena era de YouTube, Tumblr y el Warped Tour encontró diez años después una segunda vida gracias a una plataforma que prácticamente no existía cuando fue compuesto.
Y no fue simplemente nostalgia.
Buena parte del público que comenzó a escucharla entonces ni siquiera había vivido su lanzamiento original.
Más de una década después, «King for a Day» sigue sonando tan exagerada, acelerada y emocional como en 2012. Quizá precisamente por eso continúa funcionando. No intenta esconder la rabia ni suavizarla: la convierte en guitarras, gritos y un estribillo imposible de escuchar a medias.
Hoy ponemos «King for a Day», de Pierce The Veil junto a Kellin Quinn. Una colaboración que nació casi por casualidad, terminó definiendo una época y, diez años después, consiguió conquistar una segunda.
