98 días sin sufrir

Pione Sisto al acabar el partido. Foto: RC Celta.

El Celta cae con justicia ante el Villarreal en la vuelta del fútbol a Balaídos tras un gol de Trigueros en el minuto 91que ponía fin a casi 400 minutos de imbatibilidad

El primer tiempo fue visitante; el carrsusel de cambios igualó un poco la partida; pero un error de Pione acabó condenando a los Óscar García

La liturgía del sábado, del domingo -ahora del lunes, del martes y del miércoles, del jueves y del vienres- incluye la ceremonia del hincha desfilando hacia el estadio. Las bufandas, el confeti, los cánticos y cervezas de la previ. El color uniforme, religioso, celeste en este caso, que tiñe los aledaños de Balaídos. El rumor nervioso del inicio. De todo eso hemos sido despojados, y sólo nos queda el juego. Hoy ni eso. Porque 98 días después, hemos llegado a añorar la cuarentena: ese estado catártico, de supensión de todo y de la nada, en el que, por lo menos, el hincha no sufría. Hoy sí. Y de qué manera.

Sufrió el Celta primero el dominio del Villarreal, más asentado, con más empaque, más equipo, más ordenado en la presión, más decidido en cada choque. Sufrió el hincha después en casa o en el bar. Y sufrieron todos, al final, uno de esos desenlaces tan del Celta: pérdida de Pione tras perderse por Europa en cuarentena, que terminó con un gol rocambolesco en el 91 que, incluso ese mismo hincha, sabe que vino a hacer justicia. Si es que eso existe en este tinglado de gradas desiertas y pintadas por Pollock en la tele, letanías de cambios y música simulada por el FIFA.

Pero, sí, existe. Podremos decir que Temis nunca se viste de celeste. Que la balanza está trucada y siempre se inclina al otro lado. Hoy no. La tuvo Iborra al cuarto de hora, llegando sólo al corazón del área, ese lugar sagrado que debe ser una especie de Vietnam y que resultaba más bien la pradera infinita de Heidi. Respondió Rubén con una mano espléndida; no tanto como la que metió abajo en el 41, con el primer tiempo agonizando, a un remate de cabeza de Gerard Moreno. Anulado por el árbitro por un fuera de juego de esos que sacan de quicio hasta al del VAR. En el entreacto esas dos intergenciones, fue Murillo el responsable de salvar la portería tras un pase filtrado del mismo Gerard que remató medio mordido Paco Alcácer.

¿Y del Celta? Nada. Un latigazo de impotencia de Rafinha, que pareció más cerca del gol de lo que realmente sucedió. La hinchada, cualquier día, hubiese gritado ¡uy! al tiempo que saltaba insatisfecha. Pero era otra época, otro fútbol. Tal vez fuese eso lo que pasó: que la ausencia de cualquier tipo de sensación o sentimiento durmiese a los de Óscar García hasta el sopor, hasta hacerlos desaparecer. O tal vez fuese que la novedad se convirtiese en el camino más directo hacia el caos: que Pape y Juan Hernández, titulares por sorpresa, no acabasen de cuajar.

Los cambios

Al descanso, con el comienzo del carrusel agónico de cambios y de tácticas, de esquemas y demencias, del 4-4-2 al 5-4-1 o vaya usted a saber, ambos abandonaron la escena. Por el lado visitante lo hicieron Cazorla y Gerard Moreno. Y la cosa mejoró. Algo. Lo suficiente como para que Rubén dejase de ser un héroe inopinado.

Siguieron cayendo los minutos sepultados por el silencio de la tarde, sin que nada cambiase. O casi. Porque en una de esas sustituciones entró Pione. Y lo hizo con el día tontorrón, de esos en los que pierde una pelota tras otra, todas en zona de peligro. Una permitió a Bacca plantarse sólo ante Rubén -con la complicidad de los centrales-: inexplicablemente el colombiano la hechó fuera.

La segunda gran pérdida obligó al portero a otra gran mano. El rechace fue para Samu Chukwueze. La sacó alguien, no importa ya ni quien. El tercer rechace, que lo hubo, fue para Trigueros. Murillo se fue al suelo, la tocó, y evitó la última mano milagrosa de Rubén. Gol en contra casi 400 minutos después. El último tanto encajado por los pupilos de Óscar había sido de penalti en el Bernabéu… un 16 de febrero. Cuántas cosas han pasado desde entonces… y qué poco habíamos sufrido por el fútbol. Bienvenidos a Vigo. Bienvenidos al reino de la agonía. Quedan 10 finales. O no.