Casi 17 años de cárcel por agredir sexualmente y maltratar a su pareja en Pontevedra

Entre los hechos probados destacan episodios especialmente crueles, como una agresión con un cuchillo de cocina, un ataque con insecticida rociado en el ojo mientras la víctima se maquillaba, golpes, patadas y puñetazos que le propinó en diversas ocasiones

El Tribunal de la Audiencia de Pontevedra ha dictado una sentencia de dieciséis años y diez meses de prisión a un hombre acusado de agredir sexualmente y maltratar de manera habitual a su pareja durante el año que duró su relación en la ciudad de Pontevedra.

La corte lo ha declarado culpable de un delito continuado de agresión sexual, uno de maltrato habitual, y seis delitos adicionales por lesiones leves, todos en el contexto de violencia de género.

Las juezas de la sección cuarta de la Audiencia consideran demostrado que, desde los primeros meses de convivencia, el acusado adoptó una actitud controladora y violenta hacia la víctima, incrementando la agresividad a medida que avanzaba la relación.

El agresor ejercía un control absoluto sobre las amistades, el entorno familiar, la vida profesional, las redes sociales y los movimientos cotidianos de la víctima. Para imponer su voluntad, recurría a la violencia física, creando un clima de terror y sumisión total en la víctima, quien, bajo presión constante, había perdido su autonomía y capacidad de decisión.

Entre los hechos probados destacan episodios especialmente crueles, como una agresión con un cuchillo de cocina, un ataque con insecticida rociado en el ojo mientras la víctima se maquillaba, golpes, patadas y puñetazos que le propinó en diversas ocasiones. En varios episodios, la obligó a mantener relaciones sexuales en contra de su voluntad, llegando incluso a agredirla con una botella de cerveza.

La sentencia recoge cómo la víctima, en un punto crítico de la relación, se resignaba a las agresiones sexuales para evitar mayores daños físicos, llegando a permanecer inmóvil durante los abusos, como si estuviera completamente desconectada de la situación.

A pesar de que la relación había terminado, las agresiones continuaron en al menos dos ocasiones más, una dentro de la casa de la mujer y otra en una estación de autobuses.

El continuo maltrato infligido dejó profundas secuelas en la víctima, que sufrió un «miedo intenso», lo que derivó en trastornos de ansiedad, depresión y un deterioro emocional y psicológico severo, llevándola finalmente a mudarse para escapar de su agresor.

Además de la condena de prisión, el tribunal ha impuesto una orden de alejamiento de 24 años, que prohíbe al condenado acercarse a menos de quinientos metros de la víctima, su domicilio, lugar de trabajo o cualquier otro sitio que frecuente. Asimismo, deberá indemnizar a la víctima con 5.500 euros.