Ridley Kane: un espía de la CIA, cuyo dominio de los idiomas y capacidad de adaptación le ha llevado a arriesgar su vida en algunas de las zonas más conflictivas del mundo. Un día de 2023 recibe un nuevo encargo, para lo que debe entrar en Irán. Una vez allí, las cosas se tuercen, y acaba cayendo, malherido, en manos de uno de los terroristas más peligrosos del mundo: Al-Thuram, a quien dieron por muerto tras una intervención militar con drones algunos años atrás. Así, Kane acaba conociendo la existencia de un plan para lanzar un ataque más duro que el de las Torres Gemelas, y deberá poner todo de su parte para evitarlo.
Autor: Terry HAYES – Editorial: PLANETA. Barcelona, 2024 – Páginas: 848 – Género: Thriller, espionaje, ciencia-ficción – Público: General
Cuando me pongo a escribir una reseña, intento dejar mi mente en blanco, y no pensar si el libro me ha gustado o no, sino que dejo esa decisión para cuando termino de escribir. Y eso me ha pasado con esta extraña novela, cuya característica principal, según leí en algunas críticas, es también uno de sus peores defectos. O no, según se mire. Yo todavía no estoy seguro de si es bueno o malo.
Antes que nada, su autor, Terry Hayes (Inglaterra, 1951) es sobre todo productor y guionista de cine. De su pluma nacieron adaptaciones de novelas a películas conocidas y ambiciosas, de las que las más famosas, en mi opinión, son las dos primeras de Mad Max. Como escritor, rompió el molde en 2013 con Soy Pilgrim, una novela de acción intensa y extensa, a la que la crítica alabó en la fecha de su publicación y que llegó a la impresionante cifra de cinco millones de ejemplares vendidos. Y diez años después publicó la que reseño a continuación. ¿Ha merecido la pena la espera?
Estamos en 2023. Kane es un espía de la CIA para Zonas de Acceso Restringido, esto es, los lugares más difíciles del mundo, donde nadie se atreve a ir. Recibe una misión: hay un correo del “Ejército de los Puros”, los herederos de ISIS, que está dispuesto a colaborar con Occidente a cambio de una cantidad de dinero y salvoconductos para él y su familia. Kane se infiltra en Irán, pero tras una serie de complicaciones cae en manos de Al-Thuram, un terrorista al que habían dado por muerto, un hombre aterrador y cruel pero muy inteligente, que planea un golpe tremendo que dejará en nada a los atentados del 11-S.
La novela, en primer lugar, tiene un ritmo tremendo, agotador. Sobre todo porque es muy larga, son 848 paginas de letra pequeña; pero además es muy adictiva, es complicado encontrar un punto donde parar la acción y dejar de leer. Al final descubres que las descripciones son muy extensas, y quizá sea ahí donde merezca la pena parar. Pero tiene momentos brutales, como el ataque con misiles en Zahedán, la persecución al terrorista o la escena del submarino, que más vale que te toque en fin de semana, porque si no estás perdido.
Y cuando más nervioso estás… El autor se saca de la manga un recurso extraño. Habiendo partido de una trama geopolítica internacional de muchos quilates, digna de Forsyth o Clancy, pasas sin solución de continuidad a una novela de ciencia-ficción un tanto simple, con viajes en el tiempo y unos humanos evolucionados con un comportamiento sociópata. Algunos críticos han censurado al autor por este extraño giro de los acontecimientos, pero a mí personalmente no me disgustó. Me resultó raro, sí, sobre todo me parece que no conduce a casi nada, porque la novela ya era muy buena sin necesidad de este giro, que creo inútil, y es extender la historia porque sí. Pero no es cosa mía. Yo disfruté mucho de esta lectura, y la voy a aconsejar a algunas personas, con nombres y apellidos, a los que creo que les puede gustar.

