Día 41 del año 1 después de Covid
Sobre héroes y antihéroes
Llego tarde a mi cita con el folio. Me he tomado la tarde libre ante la perspectiva de un fin de semana confinado. Otro más. Y van… Es mejor no caer en la tentación de comprobarlo, porque ese es un camino angosto, que se estrecha palmo a palmo y finaliza en un barranco de nostalgia. Basta con saber que llevamos 41 días sempiternos, que comienzan y acaban recluidos. ¿Para qué vamos a contar los viernes-noche, los sábados y los domingos con todo lo que eso representa?
Hoy me ha llegado un mail curioso. “Convierte a tus hijos en héroes”. Una especie de búsqueda del tesoro. No lo he resistido, y he comenzado a divagar en medio de esa tarde libre y silenciosa. Definitivamente, hemos banalizado el heroísmo; lo hemos reducido casi a la categoría de lo común. No soy un héroe por vivir un par de meses encerrado. Lo lamento. Y mis hijos tampoco; y mucho menos por encontrar un tesoro en una búsqueda. Son chicos normales, o aspiro a que lo sean, capaces de ser honrados y felices en la repetitiva simplicidad de lo corriente. Aunque tal vez eso hoy en día resulte heroico.
Pero bueno, a quién le importa. Lo que de verdad preocupa ahora es la dichosa desescalada. Otro concepto antiheroico que se ha colado en nuestras vidas. Porque lo heroico siempre había sido la escalada, ganar la cumbre y ollar el mundo rodeado de nubes y secretos. Por lo menos podremos desescalar desde el sofá.
En fin, como el más empedernido de los antihéroes, me rindo por ahora. Voy a destapar una cerveza en esta noche que ya envuelve la ciudad. Y en ese ‘clic’ perfecto que precede al primer trago, sonreiré mientras vuelvo a dudar si soy un héroe.

