Desarrollado por científicos de Cinbio con socios de Francia, Irlanda, Portugal, Reino Unido y España
Este tipo de partículas están presentes en protectores solares, detergentes, cosméticos, ropa…
Los científicos de Cinbio, liderados por el investigador Miguel Ángel Correa, junto con socios de Francia, Irlanda, Portugal, Reino Unido y España, acaban de desarrollar una nueva generación de sensores capaces de detectar nanopartículas de titanio y óxido de plata en el agua de mar, partículas diminutas que se encuentran en innumerables bienes de consumo, desde pinturas hasta cosméticos, especialmente protectores solares, detergentes, prendas de vestir y otros textiles. Se trata de uno de los grandes avances del proyecto de investigación Nanoculture , Evaluación y mitigación del riesgo de presencia de NANOmateriales en la acuicultura atlántica , financiado por el programa Interreg con alrededor de 153.000 euros.
En el foco del proyecto, iniciado a mediados de 2019, se encontraban los ecosistemas relacionados con la acuicultura, un sector de alta relevancia económica en el espacio atlántico. El objetivo era investigar el impacto en la salud humana de la ingestión de estas nanopartículas y los métodos para mitigar sus efectos con el fin de salvaguardar el futuro desarrollo sostenible de esta industria. En este sentido, los investigadores destacaron que la falta de información conjunta sobre los efectos de las nanopartículas en el agua, los organismos y los humanos era, en parte, consecuencia del número limitado de métodos analíticos robustos disponibles para la detección.
“El trabajo de nuestro equipo de investigación consistió, junto con el Laboratorio Internacional Ibérico de Nanotecnología de Braga, en el desarrollo de una nueva clase de sensores que permitieran la detección de estas nanopartículas de óxido de titanio y plata en agua”, explica Miguel Ángel Correa, responsable del grupo Cinbio TeamNanoTech, un equipo con una larga trayectoria en la nanofabricación de materiales avanzados con importantes aplicaciones en una amplia gama de áreas de la química, la física, la biología y la medicina. Junto a él participó en el proyecto la profesora Verónica Salgueiriño, jefa del grupo de Materiales Magnéticos, cuya principal área de investigación son los nanocristales de materiales magnéticos, junto con su síntesis y su caracterización estructural y magnética.
Seguimento in situ e en tempo real
Los nuevos sensores permitirán, según los responsables del proyecto, realizar un seguimiento in situ y en tiempo real, lo que será especialmente útil para las empresas que trabajan en el mundo de la acuicultura.
Los experimentos de laboratorio utilizaron nanopartículas de grado comercial de 30 a 40 nm de longitud, nanopartículas de dióxido de titanio de 5 nm más pequeñas y partículas de plata de 15 nm para evaluar la probabilidad de acumulación en los productos del mar expuestos a bajas concentraciones que probablemente estén presentes en el medio ambiente marino. Finalmente, se encontró que las tasas de acumulación y los efectos moleculares difieren entre las especies. La acumulación en la carne de rodaballo fue baja, pero mayor en órganos como el hígado y los riñones, que no suelen comerse. Los mejillones tenían niveles más altos de acumulación, algo que creen que debe estar relacionado con el tipo de ambiente en el que se cultivan.
También se estudiaron dos especies de algas, dulse y lechuga de mar. En este caso, los responsables de la investigación indican que si bien las algas aún no tienen altos niveles de consumo en Europa, existe un interés creciente por su uso como alimento y, en este sentido, se deben tomar precauciones en el futuro, especialmente relacionadas al lugar en que se cultivan.
El dióxido de titanio está especialmente ligado a las zonas de baño
En cuanto a las concentraciones de ambos tipos de nanopartículas, los responsables de la investigación destacan que las nanopartículas de plata suelen estar presentes en las aguas superficiales, mientras que el dióxido de titanio, especialmente ligado a las aguas de baño por su uso en la protección solar, se encuentra en los sedimentos de los fondos marinos, desde donde se puede resuspender.
Aunque existen diferencias de opinión sobre los efectos tóxicos de estas nanopartículas, en el caso concreto del dióxido de titanio se ha catalogado como cancerígeno si se inhala y, en este sentido, en mayo de 2021 la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, EFSA, publicó un dictamen en en el que se afirmó que esta sustancia ya no podía considerarse segura cuando se utilizaba como aditivo alimentario. En consecuencia, la Comisión Europea y los Estados miembros acordaron detener su uso con este fin y se elaboró un reglamento retirando la autorización para su uso. Se incluyó un período de transición de seis meses para dar tiempo a las empresas de alimentos a reformular sus productos utilizando alternativas adecuadas y su uso en alimentos se declaró ilegal el 7 de agosto del año pasado.

