“Supongo que al alcalde, ahora, le fallará la memoria, espero que de modo interesado y no natural, y que no será capaz ni de pedir perdón. Lo bueno de ser un animal político es que la conciencia, o la ausencia de ella, impera sobre todo, también sobre la verdad de la memoria”
“Lo que se hundió en ‘O Marisquiño’ fue una inmensa estructura de hormigón y el titular es el Puerto”. “Es incontrovertible y no admite discusión de quién es propiedad el muelle que colapsó, y así lo atestiguan tanto el BOE como la juez instructora que investiga el accidente”. “Vigo sí estuvo a la altura”. De vez en cuando, sin excesos, conviene hacer memoria. Porque la memoria no deja de ser algo pasajero que a algunos acompaña más que a otros, de forma voluntaria o casual, por virtud o por defecto, privados de ella, en el peor de los casos, por desgraciadas enfermedades.
Las palabras que encabezan el artículo son sólo algunas de las perlas que en febrero de 2019 pronunciaba el alcalde de Vigo, Abel Caballero, en la comisión de investigación impulsada en el Parlamento de Galicia sobre el accidente de O Marisquiño.
Conviene seguir con la memoria. El suceso tuvo lugar en la madrugada de un 12 agosto de 2018, durante la celebración de un concierto que se saldó con más de 450 heridos, y que bien pudo suponer la muerte de decenas de jóvenes si la marea llega a estar alta. Tirando de memoria, recordamos que estaba baja, y que sólo ese hecho azaroso permitió que no muriesen ahogadas, entre un amasijo de hierro y hormigón coronado por la negrura de la noche, decenas de personas que todo lo que habían hecho era acudir a disfrutar de un buen o mal concierto, según quién o según qué.
Pero sigamos escarbando en la memoria. Durante varios días, antes de comenzar a venirse arriba y sacar pecho, el alcalde guardó un atronador silencio, hasta que, bien o mal asesorado -eso depende de la conciencia y no de la memoria- se hizo trending topic a comienzos de septiembre de ese mismo 2018. ¿Cómo? Con el primer y más célebre anuncio de sus luces navideñas: un vídeo que enseguida se viralizó, en el que -ojo, sólo un mes después del trágico suceso- Caballero, a medio camino entre lo cómico y lo obsceno, entre la sobriedad y la embriaguez, se caricaturizaba a sí mismo anunciando unas luces que, con el paso de los años, son ya historia presente de nuestro Vigo.
Lo cierto es que a nivel de comunicación la noticia volvió a situar a Caballero como lo que siempre ha sido: un auténtico animal político capaz de hacer lo que se deba hacer para alcanzar el objetivo. En este caso, silenciar un molesto hundimiento que, con el paso de las semanas, y tal vez espoleado por las luces, comenzaría a ver de otra manera: el culpable era el Puerto. Y en su defecto, cómo no, la Xunta, el malvado Feijóo que quería acabar con Vigo a través de sus calumnias.
La coronación de este mensaje -si falla la memoria ahí está la hemeroteca- llegaría aquel 19 de febrero en aquella comisión de investigación en la que el alcalde abordó también el convenio ‘Abrir Vigo al Mar’, firmado en 1992 entre el Concello, el Puerto y la Zona Franca, y en el que se fijaba, claramente, que el mantenimiento del paseo de As Avenidas era una cuestión municipal.
Caballero, ya carente de memoria, ya la conciencia silenciada, o ya espoleado por el luminoso éxito de las cercanas navidades, negó también la mayor y afirmó -qué maravillosa es la memoria- que los compromisos municipales se ceñían al alumbrado, a los jardines, al mobiliario urbano, al asfaltado y a la conservación del túnel y vigilancia. “Pero no aparece el muelle, y si tuviésemos que acometer su mantenimiento lo diría”.
Pues no lo dijo él, pero sí lo han dicho los tribunales desde hace meses. Primero el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia, y ahora el Tribunal Supremo. Ambos señalan la obligación del Ayuntamiento en el mantenimiento del paseo. Algo que, afirman, “no deja de ser consecuente con el convenio, ya que la entidad local recibió un beneficio que anteriormente no tenía, un beneficio interesado para la ciudadanía de Vigo y, por tanto, es el Ayuntamiento el que debe mantener en buen estado de conservación lo cedido”.
Los magistrados -que actúan en justicia, porque la justicia carece de memoria-, dan incluso un paso más y señalan que son “palmarios el mal estado en que se encontraban los elementos superficiales del paseo y que se advirtieron de forma reiterada por la Autoridad Portuaria, advirtiendo del riesgo existente para las personas”.
Y tal vez sea la posibilidad de anteponer la justicia a la memoria lo que les permite afirmar todo lo contrario a lo defendido por Caballero ante el Parlamento de Galicia: “La obligación de mantenimiento por el Ayuntamiento de Vigo prevista en el convenio de 2 de noviembre de 1992 no se limita a labores de mantenimiento de los jardines y zonas de esparcimiento, sino también a los elementos que la sustentan”.
Supongo que al alcalde, ahora, le fallará la memoria, espero que de modo interesado y no natural, y que no será capaz ni de pedir perdón. Lo bueno de ser un animal político es que la conciencia, o la ausencia de ella, impera sobre todo, también sobre la verdad de la memoria. Al menos hasta la siguiente estupidez; al menos hasta la siguiente frase célebre; al menos hasta el siguiente vídeo viral; al menos hasta que se apaguen las mejores luces del planeta dejando a Vigo sumido en el silencio de la noche y de la ausencia de conciencia y de verdad, atrapado en la falta de memoria. Qué importante es la memoria.

