“Sin ánimo de marear con las cifras, por un inmueble de un valor catastral de 50.000 euros, un vigués paga 455 euros; un madrileño, 225; un barcelonés, 330; un donostiarra, 90; un coruñés, 300; o un santiagués, 255”
Afirmaba ayer el alcalde de Vigo, Abel Caballero, dicharachero y convencido como siempre, que los impuestos y tasas municipales para el 2023 prevén una bajada real del 17%. Lo hacía apenas unas horas antes de que muchos de ustedes y yo viésemos cargado en nuestra cuenta bancaria el último recibo del IBI, ese maravilloso tributo cuya recaudación no para de subir. Sólo este año, cerca de 70 millones de euros para las arcas municipales.
Y no seré yo el que se queje: al César lo que es del César. Pero lo cierto es que no se debe jugar con la inteligencia de la gente, y menos cuando están por el medio sus ahorros. Porque los impuestos no bajan en Vigo para el año que viene, del mismo modo que no bajaron este, ni el anterior, ni el anterior. Simplemente, se congelan. Para Caballero esto implica una bajada, porque entiende -así lo ha afirmado también en numerosas ocasiones sin pudor- que para ser justos los tributos deberían actualizarse al mismo ritmo que la inflación.
Eso, claro está, nos dejaría a los pies de los caballos, y en el caso del IBI es materialmente imposible. ¿Por qué? Porque los vigueses pagamos el IBI más caro de España; y lo hacemos porque el tipo impositivo de este impuesto está en nuestra ciudad en el 0,91%, muy cerca del máximo legal permitido.
Para que se hagan una idea, sin salir de Galicia, en Ourense el porcentaje que se aplica sobre el valor catastral del inmueble es del 0,45%; en Santiago de Compostela, del 0,51 %; en A Coruña del 0,60 %; en Ferrol, del 0,63 %; en Pontevedra, del 0,64 %; y en Lugo, del 0,67%.
¿Y fuera de Galicia? Pues sospecho que ya saben la respuesta. En Madrid se aplica el 0,45%; en Barcelona, el 0,66%; en Vitoria, el 0,32%; en San Sebastián, el 0,18%; o en Santander, el 0,4%.
Así, y sin ánimo de marear con las cifras, por un inmueble de un valor catastral de 50.000 euros, un vigués paga 455 euros; un madrileño, 225; un barcelonés, 330; un donostiarra, 90; un coruñés, 300; o un santiagués, 255. Diferencias que suponen ‘dinerito’ en la ciudad de las luces, de la deuda cero y del mundo maravilloso. Así que, de verdad, alcalde, ¿nos está bajando los impuestos?

