Una joven nacida en Cataluña, pero de familia magrebí, narra la historia de su vida entre los diecisiete y los veintiún años, en un monólogo en primera persona que dirige a una de sus mejores amigas. Pone el acento especialmente en las diferencias que encuentra entre la cultura de su familia y la que encuentra en España, su país de acogida. Como todo adolescente, quiere ser libre, pero su familia, su religión, su situación personal no le permite hacer lo que quiere. Con la ayuda de dos amigas, poco a poco se va separando de esos elementos de seguridad.
Autora: Najat El HACHMI – Editorial: DESTINO. Barcelona, 2021– Páginas: 304 – Género: Literatura costumbrista – Público: Adultos

Esta novela ganó en 2021 el prestigioso premio Nadal, que se falla todos los años el 6 de enero. Tengo que decir que la leí por curiosidad: no sabía qué me iba a encontrar, pero después de echar un ojo a la sinopsis del libro, y a la vista del nombre de la autora, me puse con él.
Lo primero que tengo que aclarar es que Najat El Hachmi (Nador, Marruecos, 1979) es una autora española. Catalana, para más señas. Nació en Marruecos, sí, pero llegó a Vic con ocho años, así que de marroquí tiene el nombre y la raza. De hecho su primer libro (presentado en 2004), autobiográfico, se llama Yo también soy catalana, y lo escribió en catalán, narrando sus experiencias como inmigrante, la cuestión de la identidad y su proceso de arraigo en Cataluña, la lengua, la religión… En otros libros también muestra ese contraste que ella misma ha vivido. Y éste no es una excepción.
El libro es el monólogo de una mujer joven, magrebí afincada en Cataluña (un trasunto de la propia autora), que narra a su mejor amiga la vida que entre ambas han llevado desde la adolescencia. Para la narradora es un golpe duro la comparación entre la vida exigente de su casa (mantener la cultura y costumbres de sus padres, y una religión que no permite libertad ninguna a la mujer) con lo que encuentra entre sus compañeros del instituto de una población de la periferia de Barcelona. Comprobamos que ella no ha tenido ninguna libertad, nunca ha ido a Barcelona, sus padres la mantienen siempre dentro de un círculo muy cerrado, a la vez que ella anhela la libertad. La amiga a la que dedica su monólogo es también mora, dos años mayor, pero mucho más liberal. Esa amistad la conduce, con el paso del tiempo, a tratar de ser más segura de sí misma, aunque nunca es capaz de liberarse del todo de la educación recibida en su casa.
La novela es un poco dura de seguir, al principio, porque es un monólogo, sin diálogo ninguno. Pero una vez que aceptas el tipo de narración, enseguida entras en la cabeza de la protagonista, que abre su mente y su corazón por completo, de modo casi terapéutico, como lo harías ante un psicólogo o un confesor. Y es muy interesante conocer la mentalidad de la mujer, una de tantas inmigrantes, luchadoras, que tienen que tomar decisiones sobre su propia vida, una vez que descubren que en occidente pueden ser libres. Y el contraste con la mentalidad con la que han sido educadas (aquí, la narradora – de la que no sabemos el nombre – personaliza su cultura en sus padres), que les lleva a tener frecuentemente sentimientos de culpabilidad, cuando en nombre de esa libertad toman decisiones contrarias a su cultura y su fe…

